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LIBRE DE LA GENTE


ELECCIONES ENGAÑOSAS

   Ser libre de la gente no quiere decir encerrarnos en una burbuja y no tener contacto con nada que tenga que ver con las personas, sino elegir con quiénes hemos de relacionarnos. La mayoría de los problemas que se nos presentan a diario son interpersonales: una discusión con un jefe, un entredicho con nuestra pareja antes de salir para el trabajo, una negativa que debimos darle a nuestros hijos, un intercambio de palabras con un profesor; siempre hay individuos involucrados.
Tanto sea en el conflicto como en la solución de los inconvenientes, habrá personas de por medio.
   Hasta en las mismas emociones que viven-ciamos y que recordamos, buenos y malos momentos, hay personas involucradas. Las heridas tienen un rostro y ese rostro tiene un "nombre".
   Sin embargo, ninguno de estos recuerdos ni emociones que vienen a nuestra mente debe ser un impedimento para alcanzar nuestros sueños. El ser humano es un ser social, y como tal, necesita relacionarse con pares.
   El hecho es que muchas veces fallamos, confiamos y nos apegamos a personas que no sumarán, sino que, por el contrario, tratarán por todos los medios boicotear nuestro sueño. Por eso es que podemos decir: "Dime con quién andas y te diré adonde llegarás".
   Nuestra meta es poder elegir eficazmente a quienes nos acompañarán en el camino hacia nuestros sueños. Son las conexiones y personas de oro que potenciarán nuestras capacidades al cien por cien.



VOCES EXTRAÑAS

   La comunicación es parte esencial de nuestra vida; todo el tiempo estamos comunicándonos con los otros, y la mayoría de las veces lo hacemos a través de las palabras. Si llegamos a una estación de servicio y necesitamos combustible, le pediremos a la persona que trabaja en ese lugar que lo haga, si necesitamos dar una orden en el lugar de trabajo se requerirá de un emisor y de un receptor que den y reciban esa orden... Y así podemos seguir dando ejemplos: la maestra necesita tener a alguien a quien enseñar para poder ser y sentirse "docente"; de lo contrario, sin receptores, el conocimiento quedará solamente en ella.
   Así es como funciona la comunicación: uno habla y otro escucha y recibe la información. No siempre será un diálogo, a pesar de que seamos dos o más personas las que estemos involucradas en la conversación: podrá ser también un monólogo si ninguno está registrando las palabras del otro (y entonces todo quede en la nada) o tal vez, todo lo contrario, y entonces habrá a partir de la devolución, un intercambio de palabras, opiniones, conceptos, verdades y mentiras que podrán determinar las decisiones que tomaremos.
   Sin darnos cuenta, muchas veces le damos a la voz de los demás un valor y una estima que no merecen y así es como lejos de ser ésta un consejo o una bendición, se transforma en un trastorno o en un obstáculo inmenso, en una creencia que tendremos que refutar.
   Para evitar la confusión, deberíamos reflexionar. Si permanentemente escuchamos las voces exteriores, el mensaje que terminaremos por recibir será:


- “No lo vas a lograr”
- “Con dinero en la mano eres un peligro”
- “Eres incapaz, nunca te has preparado”
- “No sabes cómo ganarte la vida”
- ...

   Claro que ésas son frases y creencias falsas que has tomado por verdaderas y entonces te hicieron pensar que no serías capaz de alcanzar nada de lo que te propusieras.
   El único ser que podrá limitar lo que eres capaz de alcanzar eres "tú mismo".
   Nadie está en condiciones de cuestionar ni juzgar ni tu potencial ni tus capacidades. Sólo a partir del momento en que cada persona toma el control de su propia vida es capaz de determinar sus errores y sus éxitos y entonces está en condiciones de objetar y cuestionar todas aquellas palabras que durante tanto tiempo lo han frenado y lo han llevado a vivir en un lugar de letargo y frustración.
   Hoy, siendo libre de estas falsas verdades, podemos emprender un proceso de desintoxicación mental, emocional y espiritual para disponernos a ser la mejor y única versión de nosotros mismos.
   A partir de esta nueva posición, de este nuevo "yo", conocerás la verdad y la verdad te hará libre de la gente, de las circunstancias y de aquellas verdades que no lo son.

   Tiger Woods, antes de ser el primer campeón de color del golf, tenía para escuchar dos voces: la de gente que le decía "nunca un hombre de color va a ser campeón de este deporte" y la de su padre, que le dijo "tú eres un campeón".
Adivina a cuál le prestó atención.

   Tal vez pasaste años tratando de alcanzar la felicidad y el éxito de acuerdo a los parámetros de los otros; quizá luchaste por llevar a cabo objetivos que sólo beneficiaban a quienes estaban a tu alrededor pero que a ti no te conformaban.
   Quizá tu padre soñó con que fueses médico, y seguiste la carrera de medicina tratando de obtener la aprobación de él, sin darte cuenta de que en realidad era él quien anhelaba ser médico. Sin detenerte a pensarlo, probablemente avanzaste hacia metas que te interesaban muy poco.


   Henry D. Thoreau escribe: "No basta con estar ocupado... la cuestión es: ¿en qué estamos ocupados?" 

Piensa por un instante:

• ¿Qué estás buscando?
• ¿Qué estás persiguiendo?
• ¿En qué estás usando tu tiempo?

   Estos objetivos, ¿aportan y suman a tu felicidad, a tu bienestar emocional, físico y espiritual?, ¿o sólo estás corriendo por correr sin saber a dónde quieres llegar?


   El conocido Jorge Soros, el especulador más reconocido del mercado de divisas, le dijo a un periodista del National Post de Canadá: "Ser reconocido como filósofo me proporcionaría una satisfacción infinitamente mayor que mi dinero" y al preguntarle el periodista si sería capaz de cambiar toda su fortuna a cambio de ese sueño, él contestó: "Pues sí, seguro."

   Cuanto menor tiempo sea el que dediques a escuchar las voces ajenas o extrañas, mayores serán los resultados que vas a acumular.
   Cuanto mayor sea el tiempo que le dediques a escuchar tu propia voz interior, cuanto más te detengas a observar tu reloj interno y a prestar atención a lo que dice tu corazón, mayores serán los éxitos que vas a cosechar.
   Las voces ajenas no saben de qué estás hecho, no conocen tu potencial ni lo ilimitadas que son tus fuerzas; tú mismo aún no lo sabes. Sólo cuando camines, corras y luches por tu pasión, por aquello que te quita el sueño, por lo que te quema por dentro, sabrás de qué estás hecho. La verdad está dentro de ti y sólo a ti te corresponde ponerla en marcha.



LAZOS DEL ALMA VS. LAZOS MORTALES

   Cientos de mandatos internos y externos irrumpen a diario, a cada momento, desde que nos disponemos a comenzar nuestro día; se trata de presiones externas, internas, reclamos y pedidos, tantos que de un momento para el otro te sientes angustiado por la sensación de que debes cumplir con cada una de las órdenes que has recibido, y eso es imposible.
   Todo eso es peor aún si estas órdenes provienen de lazos afectivos: un amigo, tu pareja, un jefe, un familiar, de esos son vínculos enfermos que fuiste entretejiendo y que ahora pasaron a definir y a decidir qué es lo mejor para ti y para tu futuro.
   Escuchas a todos los tuyos, a los de tu alrededor, inclusive las noticias de la televisión: voces, voces y más voces y lazos que se mezclan en tu mente, ejerciendo tal presión que confunden tus metas y tus sueños.
   Y así es como te sumerges en una carrera en la cual no tienes en claro hacia dónde estás yendo ni qué es lo que estás buscando: ¿tu bienestar y tu éxito o la aprobación externa?
   Son vínculos que aprisionan nuestra mente, voluntad y emociones de tal forma que no nos permiten diferenciar nuestro deseo al de los demás. Y así nos olvidamos de que para poder alcanzar la propia satisfacción y la tan preciada paz es vital que reconozcamos qué es lo importante y prioritario para nosotros.

   E.E.Cummings decía: "Ser sólo tu mismo, en un mundo que hace lo posible, noche y día, para hacerte semejante a los demás, significa librar la batalla más difícil que cualquier ser humano pueda librar."

   La mayoría de las veces confiamos más en los otros que en nosotros mismos, de tal forma que somos capaces de desnudar nuestro interior frente a la mirada de los demás, esperando una respuesta que en realidad sólo a nosotros nos compete darnos. Le otorgamos tanto valor a la opinión ajena, le volcamos tanto afecto que cuando no recibimos la devolución que esperábamos nos sentimos defraudados. Entonces lloramos, nos deprimimos, creemos que se nos “cae el mundo” y que no podremos confiar en nadie más. Sentimos que nos clavaron un puñal por la espalda y nos olvidamos de que en ese vínculo intervinieron personas ante las cuales fue nuestra la decisión de develar nuestra alma.
   Todas son personas que, como tú y yo, cometen errores. Y como sucede con todo error, lo mejor es que cuando ocurra aprendamos que las relaciones interpersonales necesitan tener un límite. Nadie podrá avanzar sobre ti si no le das autoridad y poder para hacerlo.
   El límite muchas veces es entendido por los otros como una actitud antipática de nuestra parte; sin embargo aplicarlo nos evitará muchos malos momentos. Sólo tú podrás decidir quién entrará a tu círculo social más íntimo. Poner límites sanos a tus relaciones personales no sólo te va a ahorrar dolores de cabeza sino que también te proporcionará la libertad que necesitas para tomar aquellas decisiones que te acercarán cada vez más a tus sueños. 



VÍNCULOS SANOS

   Gran parte de nuestro diario vivir lo usamos en relacionarnos con los otros. Cuando estudiamos, trabajamos, viajamos, vivimos, nos comunicamos con otros seres humanos, pero no con todos ellos establecemos vínculos.
   El vínculo entre dos personas es un factor común que las une, ya sea un lazo familiar, laboral, afectivo o amistoso. Dentro de estos vínculos que establecemos están aquellos que nos afectan de manera positiva y aquellos que nos influyen desfavorablemente.
   Hay quienes tienen como objetivo establecer vínculos con el único fin de obtener algún beneficio personal, sin importar el costo o el efecto emocional adverso que ello pueda causarle a la persona involucrada en la relación.
   ¿Cuántas personas acaso no son seducidas por otras, que sólo buscan sacar provecho de esa situación?
¿Cuántos quisieron ser amigos tuyos desde que se enteraron de que compraste una casa rural y vas todos los fines de semana?
¿Cuántos viejos "amigos" recordaron tu número de teléfono cuando se enteraron del nuevo puesto que habías conseguido en la empresa?
¿Cuántos de los viejos familiares que hace años que no te llaman te invitan a comer desde que supieron que estabas teniendo éxito?

   Con todos podemos comunicarnos; es de cortesía y gentileza responder a los llamados, lo que no quiere decir que debamos establecer "vínculos". Los vínculos personales sólo podrán afectarnos de acuerdo al límite que nosotros mismos les impongamos.
   Sin embargo, sí tendremos que plantearnos como objetivo establecer vínculos y “relaciones de oro” que nos impulsen a llegar a nuestro éxito. Y cuando hablo de "oro" no me refiero a personas ricas monetariamente, sino a aquellas que saben que nuestro potencial es ilimitado y nos alientan para que nada nos frene para llegar a la meta. 

   Hay un dicho popular que dice: "La familia te toca, los amigos se eligen" y es cierto: lo mismo ocurre con los mentores. Ellos serán quienes nos generarán nuevas posibilidades de éxito.
   Tal vez la persona que hoy acabamos de conocer sea una conexión de oro mañana, quien nos abra una nueva puerta laboral, nos genere una nueva oportunidad de negocios o tenga una idea o sugerencia acerca de cómo podemos resolver la dificultad en la que nos encontramos.
   Cualquiera sea el ámbito en el cual te desarrolles, el buen trato y la disposición que establezcas sumarán a tu favor.
   Una buena forma de establecer "vínculos sanos" es el poder brindar soluciones a los que te rodean; es más agradable estar al lado de aquel que nos da soluciones o aporta ideas que de aquellos que generan problemas.
   Eso no significa que tengamos que tener la solución para todos los conflictos del mundo, pero sí que debemos intentar ayudar de una u otra manera a los que nos rodean. Ayudar no significa decirle al otro lo que tiene que hacer, sino darle una idea que pueda acercarlo a una posible solución.

   La escritora Mary Oliver cuenta en su libro "Mockingbirds" este relato: "Había una vez una pareja de ancianos muy pobres que abrieron su hogar a unos extraños que llamaban a su puerta. Los pobres viejos no tenían ningún bien mundano que ofrecer a los inesperados visitantes, sólo su deseo de tratarlos solícitamente. Resultó que los huéspedes eran dioses que sorprendieron a sus anfitriones al decirles que aquella buena predisposición era el regalo más precioso que les podrían haber hecho unos simples seres humanos."

   ¿A quién de nosotros le gusta estar cerca de aquellos que a diario nos maltratan o no nos tratan con el respeto que nos merecemos? Absolutamente a ninguno.
Toda persona que desee establecer relaciones interpersonales sanas necesita:
• Tratar bien al otro
• Brindar la atención que el otro merece (sea quien fuese, desde el portero de la empresa hasta el gerente general)
• Establecer los límites necesarios que demande cada tipo de vínculo
• Conectarnos con lo bueno y lo mejor de cada persona: eso nos permitirá jugar el partido en equipo. Estamos en la era de los equipos, los “llaneros solitarios” sólo ganan batallas en antiguas series de televisión

LOS HERIDORES PROFESIONALES

   Demasiadas personas a menudo consideran que haber obtenido un máster o un postgrado, o haber alcanzado un cargo de privilegio las habilita para lastimar, subestimar y desestimar otros en público. Ostentan sus títulos, su poder económico o su estatus sin darse cuenta de que la arrogancia y el maltrato se han apoderado de su trato con los demás.
   ¿Te pasó alguna vez que un trabajo al cual le habías dedicado horas y todo tu tiempo libre fue brutalmente menospreciado delante de todos tus compañeros? ¿Solían tus padres avergonzarte delante de tus amigos a raíz de las calificaciones que obtenías?
   Por cierto, en algún momento de nuestra vida, todos hemos sido maltratados o avergonzados por nuestros padres, pares, jefes o superiores. El hecho es que este trato lastima, penetra y causa severas heridas y secuelas en la estima de la persona que las recibe.
   Algunas personas son máquinas avasalladoras, que no se detienen a separar el trigo de la cizaña; para ellas todo lo es mismo, todo está permitido, lo único que les importa es el provecho y la ganancia que podrán obtener de cada movimiento que ejecuten.
   Son personajes tóxicos, que a diario se empecinan en hacernos la vida difícil: "Si yo no puedo ser feliz, tú tampoco", retumba como eco en sus mentes. No viven ni dejan vivir.

   Pero eso era hasta hoy. Unas pocas líneas más abajo podrás leer los rasgos más sobresalientes de estas personalidades tóxicas y entonces serás capaz de identificarlas y de hacer algo aún mejor: al reconocerlas conseguirás ubicarte lo más lejos que puedas de ellas, ignorarlas y seguir tu camino. Descubrir sus movimientos te permitirá subir un escalón en el camino hacia la libertad.

Características de los heridores profesionales

• Siempre tienen piedras en la mano: Son personas que estarán esperando la oportunidad en la que cometas un error para hacértelo notar y demostrar ante los demás que, si no hubiese sido por ellas, tu error hubiera desprestigiado a la empresa o hubiese puesto en peligro la ejecución de algún proyecto. Como es de esperar, harán su corrección en público. Estas personas sólo logran aumentar su figura si el otro merma o es descalificado, de lo contrario no saben cómo hacerse notar.
   Ahora bien: ¿quién puede afirmar que nunca erró, que nunca falló o tomó una mala decisión? Como le dijo Jesús a los que se disponían apedrear a María Magdalena "El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra". ¿Tú estás en condición de tirarla? Yo tampoco. Sin embargo, los heridores profesionales se sienten intocables y con capacidad para ver la paja en el ojo ajeno que en el suyo propio, dejando así secuelas difíciles de sanar y restaurar.

• Siempre vigilan, esperando que lo malo suceda al fin: presentan a diario este tipo de personas reclamos y “acuses de recibo”. Son aquellas que tarde o temprano te pasarán factura por el favor o la palabra o la conexión que te ofrecieron. Se trata de personas tóxicas que no entendieron la ceremonia del Potlach, un ritual que, utilizado como corresponde, podría resultar beneficioso para nosotros. El potlach es una antigua ceremonia que celebraban los indios nutras, la cual consistía en abrumar a alguien a base de regalos. El potlach, dentro de los límites razonables, tenía su utilidad.
   Claro que no es el caso de los heridores profesionales, de esa gente que vive y disfruta del fracaso y del dolor ajeno para poder brillar y tomar protagonismo. Estos heridores profesionales son aquellos que no festejarán contigo tus éxitos, y, lo que es peor, pronosticarán que si algo te salió bien pronto se desatará alguna fatalidad. Hay un dicho popular que dice que si te ríes mucho en viernes, algo malo va a pasarte el fin de semana. Así es como piensa esa gente: anuncian desgracias, tragedias y huracanes, tratando de robarte la felicidad que tienes o que has alcanzado al haber abrazado la felicidad o el éxito.



   Son personas que no saben de arrepentimiento ni de perdones. En su vocabulario no se encuentran las palabras: perdón, disculpas, lo siento. Sus decisiones son inmutables e inamovibles, sea cual sea el efecto que sus palabras o sus actos puedan producir en los otros. Son conocidos por ser los “dueños de la verdad”. Claro que se trata de sus verdades, pero no de la tuya ni de la mía.

Te podrán decir:
-“¿Para qué quieres correr?”
-“¿Para qué deseas lograr tus sueños?”
-“Otro día lo puedes hacer”
-“No es tu tiempo, o no es tu momento”
-“Siempre hay tiempo, no te apures”
-“¿Para qué vas a hacer más?”
-“¿Para qué vas si no hay premio, si el rey o te va a dar una corona?”
-“¿Para qué te esfuerzas, si no hay no recompensa ni ganancia?

- ...


  Alguien dijo: "El hombre muere cuando deja de aprender". Bill Gates aseguró hace años que 640 kb eran más que suficientes para una persona; hoy seria ridículo afirmarlo. Mientras puedas aprender estarás vivo para realizar tus sueños.

   En el transcurso de nuestra vida seguramente nos encontremos con personajes como los descritos. El objetivo es que a pesar de su existencia, sus estrategias y sus arpones no nos alcancen ni aún nos rocen. Si a una persona le buscas el lado malo, seguramente se lo vas a encontrar, pero si te empecinas en sacar lo mejor de ella, también podrás hacerlo.
   Claro que es mucho mejor quedarse con lo bueno del otro que con sus defectos, pero éste no es el modo de pensar de las personalidades tóxicas. En cuanto a ellas, no hagas nada por cambiarlas, sólo cambia el que desea hacerlo; lo mejor que puedes hacer es evitar al máximo el contacto con este tipo de gente, resguardando así tu estima y tus emociones. Ser libre de todas sus especulaciones te permitirá llegar mucho más rápido al objetivo.

"Sólo aquel que es libre puede hacer al otro libre"

EL LADO OSCURO DEL CONTROL

   La vida es un cóctel de decisiones, elecciones, y pensamientos que determinarán nuestra libertad. Nuestros estados de ánimo no son solo sensaciones sino decisiones que establecemos a cada momento. Los acontecimientos pueden ser determinantes a la hora de estar bien o no, pero no dejan de ser consecuencias de decisiones que tomamos en un estado de libertad de elección: soy yo quien decide sentirse bien o mal, sólo yo tengo el control de mi vida y estoy autorizado a elegir lo que es mejor para mí. Es decir, eres tú quien a cada momento decidirás qué valor o estima le darás a cada palabra que recibas.
   Si nuestro ojo está puesto en el afuera, serán los otros quienes decidan cómo hemos de sentirnos, pero si somos nosotros quienes estamos en control, sabremos cómo cuidarnos y elegir lo que nos conviene.
   Sólo cuando puedas ayudarte a ti mismo estarás en condiciones de ayudar a los demás. Necesitas ser el dueño de tu mundo emocional. Tu bienestar no dependerá del trato que recibas de los demás, sino del que tú sepas darte. Ninguna otra persona tiene el poder de hacerte sentir mal a menos que tú le des permiso para que lo haga.
   Todos los sentimientos que creamos se originan en nuestro interior, pero así como nacen pueden ser modificados y, si no nos sirven, desechados. Odiar, amar, querer, respetar, son decisiones que nos pertenecen. La libertad de elegir es parte de nuestra naturaleza, de nuestra creación, del mismo modo en que está en la naturaleza del esclavo el seguir lo que su amo o "los otros" le impongan. ¿Cuántas veces sentiste resentimiento o rabia por lo que contaron de alguien? Seguramente muchas, aunque no fuese algo relacionado contigo, pero que padeciste de todas maneras.
   ¡No convirtamos a los otros en formadores de nuestras emociones! ¡No le otorguemos tal poder! Hoy más que nunca mereces decidir ser feliz.


ENCUÉNTRALES LA VUELTA

   Personas tóxicas eran quienes le impedían a Martin Luther King disfrutar de los derechos que tenía un hombre blanco.

   Hay seres difíciles con las que uno tiene que convivir a diario, ya sea en el trabajo, en la casa o aún cuando decide sentarte en un restaurante y ordenar lo que eligió para comer. Abusos, malos tratos, impulsividades, negativas, desencanto y frustraciones son las que vivimos la mayor parte del tiempo. Se trata de personas que a diario se proponen intimidarte y coartar nuestros sueños.
   Gente difícil, tóxica que, sin embargo, de ninguna manera puede convertirse en la excusa perfecta de tu frustración; todo lo contrario, necesitas convertirla en detonante de tus éxitos.
   Si te dicen que no se puede, es porque sí puedes.
   Si te dicen que es inútil que sigas insistiendo, tú sigue golpeando porque la puerta se abrirá.
   Si te dicen que no vale la pena, tú insiste, porque seguramente en la negativa está escondida tu prosperidad. Los “no” de los otros son los “si” de los que no dependen ni de las palabras no de las emociones de nadie.

   No te concentres en las personas, céntrate en los objetivos.
   No te detengas a evaluar ni a entender a nadie. Tu objetivo no es comprender ni justificar las actitudes de los otros, sino las tuyas, lograr la visión correctiva necesaria y seguir hacia la meta.

   Frente a los tóxicos, no te enojes, no te amargues, sé astuto e inteligente:
• No te ofusques: si te enojas generarás una pelea y en toda batalla hay heridos
• Busca el lado positivo: aprende de ellos lo que no hay que hacer y revierte a tu favor la situación.
   De esta forma aprenderás a ser libre de la gente tóxica, a definir con inteligencia tus nuevas relaciones y a saber que de acuerdo a las personas a las que les permitas estar a tu lado será el mundo que construyas.


LA LEY DE LA SIEMBRA

  ¿Cuántas veces has regalado algo y a pesar de que esperabas que te dieran las gracias éstas no llegaron y te has sentido frustrado?
   ¿Te ocurrió que te quedaste sin dormir toda la noche terminando el informe que te pidieron en la oficina pero al día siguiente, cuando lo entregaste, te dijeron que ya no lo necesitaban y entonces pensaste: "¿por qué no me llamaron y me avisaron?"
   ¿Cuántas veces eres tú el que llama para los cumpleaños de todos tus familiares, pero cuando es el tuyo, pareciera que no importara, que todos se olvidan de ti?
   ¿A cuántos seguramente hiciste favores pero cuando los necesitaste tú era como si se los hubiera tragado la tierra?
   A diario depositamos cientos de expectativas en los otros, esperamos que nos respondan de la misma manera en que nosotros lo hicimos, pero esto no siempre sucede así.



   Si bien hay personas que son agradecidas y saben el valor de tus acciones, otras no lo son. Algunas responden con la misma moneda, otras no. Y tú no podrás cambiarlas.
   "Si recibimos lo que esperamos nos alegramos, si no, nos decepcionamos", y una vez más nuestras expectativas están mal ubicadas. Si recibes lo que esperabas, es un bono extra, bienvenido sea, y si no, sigue adelante, no te detengas para escuchar las gracias.
   Lo que hagas, hazlo de corazón, porque el que sirve es más grande que el servido. No esperes recompensa. Siembra en los otros, y sin darte cuenta, un día, esa siembra te va a recompensar. La cosecha será tan grande que no va a caber en tus manos.
   Lo que hagas por los otros, en algún momento, quizás otra persona lo hará por ti. No importa el tiempo que pase; si has sembrado, cosecharás. Lava los pies de los otros cálzate y sigue caminando; esas pisadas que dejaste en el camino, en algún momento te va alcanzar. La calidad y la cantidad de tu bendición empiezan y terminan siempre en ti y en los tuyos. ¡No lo olvides!



LIBRE DE LA GENTE TÓXICA

   Hay personalidades tóxicas que anhelan todo lo que tú tienes: hasta tus desgracias o dificultades son añoradas por ellas. Se trata de personas que no pudieron encontrar un sentido, un rumbo a sus vidas y entonces revolotean a tu alrededor como murciélagos, tratando de chupar tu sangre. No son arquitectos de tu propio destino, sino que deciden recorrer el trayecto que tú has elegido transitar, son seres dependientes. Quizás su apariencia sea la de personas con rasgos de superioridad, de autoridad, de poder, de alta estima, de capacidad; sin embargo, sus actitudes y los resultados que obtienen los ponen al descubierto.
   Son personas con grandes problemas de relación, con autoestimas destruidas que se esconden detrás de tus sueños y de tus expectativas.
   Sus máscaras han tenido la intención de ocultarlas y de atarte a creencias falsas y vacías.
   Ayer las veías como grandes e importantes, hoy realmente las conoces. Hoy puedes ser libre de cada una de las máscaras que han querido venderte y presentarte como "La mejor”.

   Son personas que han vivido, como dice Eric Fromm, con miedo y frustración: 
“El hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando en realidad quiere lo que tiene que querer”.

   Miles de humanos viven a diario historias que no han escrito, trabajan por propósitos que no les pertenecen, viven de sobras y no en la abundancia. Quieren tu puesto de trabajo, tu salario, tus amigos, tu familia, tu sencillez, tu carisma, tus hijos, pero no están dispuestos a hacer el mínimo cambio en sus vidas para que lo mejor y lo que les pertenece a ellos llegue a su existencia. Invierten más tiempo en envidiar e idealizar tu lugar y tu vida que en elegir, decidir y accionar para que lo mejor llegue también a las suyas.
   En muchas oportunidades, sientes pena por ellos y tratas por todos los medios de ayudarlos a cambiar.
   La decisión no dependerá de ti, sino del individuo que tenga la necesidad y la voluntad de encarar una transformación en su vida y de encontrar la forma de relacionarse sanamente con los otros. La gente que cambia es la gente que quiere cambiar. 


   Cada persona ha sido creada con una combinación única de habilidades, dones, facultades y talentos que sólo pueden ser descubiertos por ella misma. Cada uno de nosotros tenemos una conciencia y un espíritu que nos permite darnos cuenta de aquello que es una continua piedra de tropiezo; dependerá pues de cada uno de nosotros que demos los pasos para apartar el obstáculo y seguir avanzando.
   Somos seres independientes, únicos, inigualables, libres. Nadie es igual a mí y yo no soy igual a nadie. ¡Qué bendición! Cómo sería esta vida si fuésemos clones los unos de los otros. Nuestra creación es perfecta: somos seres libres y únicos, independientes, con voluntad, dominio propio, conciencia, alma, mente y espíritu originales. ¡Qué bueno es gozar de esta libertad y decidir quienes realmente queremos ser!


   En el libro de Ernie Zelinski, “El éxitos de los perezosos” Dice: “Cuanta más atención prestes a lo que hacen las masas, más comprenderás que los planteamientos del tipo ‘todo el mundo lo hace’ no sirven para dejar tu impronta en este mundo. Si bien resulta tentador unirse a la multitud, no olvides nunca que tú tienes sueños valiosos y otras cosas más importantes que conseguir”.
   Saber que somos únicos en ADN, identidad, propósito, metas y sueños nos hará libre de frustraciones y nos abrirá caminos en nuestro diario vivir. Permitir que otros puedan alcanzar su destino ayudará a que tú también puedas alcanzar tu máximo potencial.
   Sólo tu puedes crear tu propio triunfo, solo tú eres capaz de establecer y definir cuándo alcanzaste el éxito. Tu marca es personal. Tu victoria te hará recordar quién eres, de qué estás hecho y los sueños por los que has vivido y dado todo de ti. Llegar a la meta requiere de coraje, valor y convicción.
   Primero tienes que reconocer que nadie te debe nada y que tú no debes nada a nadie.
   Ser libre de la gente, ¡qué espectacular!, imagínate poder ocuparte tú de tu propia vida, no esperar de terceros, no vivir debiendo favores, ser tú quien genere una existencia de desafíos y metas. Imagínate qué bueno es poner el despertador todos los días y saber que al levantarte tienes metas, desafíos y sueños que dependen sólo de ti. Y qué bueno es también tener un día a la semana para disfrutar del descaso que te mereces.
   Imagina qué felicidad es saber que lo que hoy tienes es el resultado de que no bajaste los brazos y desafiaste a los imposibles, que la limitación y las frustraciones de los otros no te han detenido y que eres el autor y el artífice de tu propio destino. Es fantástico tener las cuentas en cero.

Abraham Lincoln dijo: "Las cosas quizá lleguen a quienes esperan, pero sólo aquellas desechadas por quienes se esfuerzan”.

Qué bueno es poder decir: "Vida, no te debo nada no me debes nada, las cuentas están saldadas. Crea tu propia vida, que yo me encargo de la mía."


Del libro Gente Tóxica de Bernardo Stamateas

Realizado por: Inés Estela López

EL PODER DE LA PALABRA


EL PODER DE LAS PALABRAS "SI" Y "NO"

   ¿Cuándo han dicho "sí" cuando hubiesen querido decir "no"?
Generalmente tenemos miedo a decir que "no" porque no queremos desentonar: si todo el mundo hace algo, ¿cómo vas a decir que no quieres hacerlo? Tenemos miedo a las consecuencias negativas de haber dicho que "no": ¿qué va a decir el otro?, ¿qué va a pensar el otro?, tal vez me retire su amor si le digo que "no quiero" hacer lo que me dice.
   El "no" es necesario y debemos aprender a decirlo con paz; podemos y está permitido decir "no". Decir "no" muchas veces es sinónimo de salud. Sin odios, ni enojos, ni con malos modos, ni en malos tonos, podemos decir "no".
   Cuando no podemos decir "no" es porque no sabemos ni podemos distinguir cuál es nuestra prioridad en la vida, hacia dónde estamos apuntando y cuál es nuestro blanco.
   Las decisiones que tomes van a estar determinadas por el objetivo que quieras alcanzar.
¿Estás apuntando al lugar correcto con tus palabras?
¿Tomas tus decisiones de acuerdo a los objetivos que te propusiste? 
¿o estás viviendo y hablando sólo por hablar y llenar espacios vacíos?
   Cuando uno tiene un blanco correcto puede definir qué es lo que va a aceptar y qué es lo que va a rechazar. El "sí" y el "no" son sólo palabras, sino límites y permisos que nos damos a nosotros mismos.
• El "sí" y el "no" forman parte de toda negociación
• El "sí" y el "no" determinarán tu posición de liderazgo, autoridad y control sobre tu propia vida
• El "sí" y el "no" hablarán de ti mismo, de tus intereses y tus determinaciones
• Un "sí" y un "no" dichos sabiamente y a tiempo te evitarán grandes dolores de cabeza
• Cada "sí" y cada "no" que establezcas determinará una solución o un problema nuevo
• Cada "sí" y cada "no" que emitas sabiamente o no estará acercándote o alejándote de tu éxito
• Cada "sí" y cada "no" que pronuncies te hará mantenerte enfocado


   Cuando sabes cual es tu blanco específico, sabes a qué cosas decirle "no" y a qué cosas decirle "sí". Sabes a quién elegir, con quién hablar.
   Sé responsable. Responsabilidad es saber qué hacer y qué no. La gente se destaca cuando tiene palabra y cumple con lo que promete. Deben creer en ti: que tu "sí" sea "sí" y tu "no" sea "no".
   Y si por un momento dudas acerca de la respuesta que debes dar: tómate cinco minutos o todos los que necesites; antes dar un "si" o un "no" como respuesta, date tiempo, permítete reflexionar para evaluar y decidir. Nadie puede tomar el control de tu tiempo y de tus decisiones. "El otro podrá esperar unos minutos" y una vez que decidas, lo que estés determinado a hacer mantenlo, no lo cambies. Si te equivocas, puedes volver a empezar. ¡Determina un objetivo y cúmplelo! Debes estar respaldado por la verdad y no por la falsedad o la mentira.
   Ser fiel a uno mismo y a nuestras palabras nos convertirá en personas creíbles y confiables, tanto si hemos dicho "sí" como si hemos dicho "no".
   Si quedas en encontrarte a una determinada hora, hazlo, no llegues tarde.
   Si te comprometiste a asistir a alguien en una determinada ayuda, hazlo, no lo postergues ni lo canceles.
   Si firmaste un contrato, cúmplelo. Las palabras tienen valor, seamos fieles a nosotros mismos. No pactes con nadie, sólo contigo mismo, pero una vez que des tu palabra, sé fiel a ella.
   Cuando somos capaces de llevar a cabo lo que hemos prometido, nuestras relaciones, sean familiares, laborales o sociales son cada vez más óptimas. Un hombre fiel a sus palabras es confiable y apto para estar en niveles de poder y liderazgo.


   Controlemos lo que sí podemos controlar: nuestras palabras. Porque aquello en lo que más piensas y de lo que hablas, en eso te conviertes. No funcionemos por emoción, sino por convicción. Hay personas que actúan según lo que sienten: "Me siento mal", "me siento bien". Un día se sienten reyes, y al otro día, insignificantes. El lunes sienten que el trabajo es lo más importante pero el martes lo más importante es la familia; el lunes se casan con alguien porque sienten que lo aman, pero a la otra semana, se separan porque sienten que ya no lo quieren; sienten ganas de tener un hijo pero a la otra semana lo abandonan porque ahora sienten que les arruinó la vida. Es esa gente que vive animada un día y desanimada al otro y de acuerdo a lo que siente es como maneja su vida. 
Son personas que hoy dicen blanco y mañana negro. 

   Tú no te muevas por ideas o estados de ánimos, hazlo por convicción. La convicción es la determinación y la seguridad acerca de algo. El gran problema de la sociedad de hoy es que no tiene gente con convicción.
   No te dejes llevar por tu mente; tu mente es lo más demente que tienes, la palabra de fe es la única y la verdadera.
   Tienes que aprender a frenar tu mente y a crecer. Nadie va a hacer nada por ti, tú tienes que hacer por ti lo que debes hacer. Suelta la palabra y actúa en base a ella. Llénate de palabras de ánimo, de fe.
   Habla con fe. Renueva tu mente, tus palabras se nutrirán de lo que crees. Cree lo que confiesas.
   ¿De dónde sale lo que yo creo? De lo que yo pienso.
   Lo que yo pienso, lo creo; y lo que yo creo, confieso.
   ¿De dónde sale lo que yo pienso? De lo que yo oigo. Lo que yo confieso es lo que creo. Lo que creo viene de lo que pienso.
   No permitas que tus pensamientos te arrastren. No te muevas por lo que sientes. Sé leal a la verdad, a tu convicción y no a tus sentimientos.

Hubo dos hermanos que un día dijeron: "Se puede volar" y todo el mundo se rió. Alrededor del año 1900 construyeron un avión y quisieron levantar vuelo. Uno de ellos lo consiguió, pero el avión se cayó y el piloto murió; el otro hermano enterró al fallecido pero no enterró su sueño y su fe; y entonces volvió a probar. Pasaron doce años y el hermano vivo mejoró su avión y voló sobre Nueva York. Por primera vez el hombre alcanzaba el cielo con una máquina.
"No te muevas por gusto sino por convicción. Convicción no es un rito que se defiende a rajatabla sino que es una verdad divina que se ha hecho raíz en tu vida."



 LO QUE PIDO, ESO RECIBO

   Es común ver a ciertas personas que no pueden ser felices porque no expresan directamente lo que quieren, lo que desean o lo que piensan.
   Piden, desean, anhelan pero no son específicos. Muchos tienen inmensos deseos en su corazón, en su mente anhelan alcanzar metas, pero no pueden ni saben expresarlos. Son esas personas que cuando les preguntas qué es lo que están esperando de la vida, responden "paz, amor, felicidad, salud, dinero". Y esos deseos no son malos, pero son indefinidos, metas abstractas imposibles de evaluar.
   Cuando pedimos, necesitamos ser específicos; sólo así podremos enfocarnos en las estrategias que debemos diseñar para alcanzar nuestras metas. De esta forma estaremos enfocados, y de esta manera podremos poner en acción lo que antes fue un deseo en voz alta.
   Cuando pidas algo, sé específico. No de vueltas. Afirma lo que estás esperando recibir, pídelo y llama a las cosas por su nombre. Si no conoces cuáles son tus derechos, nunca vas a poder pedir bien, como conviene correctamente. A diario nos encontramos con personas que asumen una actitud errónea en el momento de pedir lo que esperan recibir. Y aquí está la respuesta, el porqué unos reciben y otros no. "Pides y no recibes porque pides mal": pides dudando y la duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y llevada de una parte a otra.
¡Pide de acuerdo a lo que estás esperando recibir!
Sin embargo, muchas personas suelen hablar y pedir de las siguientes maneras:
• Los que asumen el papel de víctimas: Son las personas que en lugar de pedir: "¿Me compras un helado?", o en vez de decir: "Me voy a comprar un helado, porque tengo ganas de comerlo", dicen:
"Llevo horas encerrado aquí, trabajando, muriéndome de calor, y nadie hace nada por mí."
   Si te identificas con este estilo de personas, piensa por un momento:¿Por qué no mejor pedir las cosas por su nombre y decir: "Quiero un helado"?¿Cuál es el problema de que lo hagas?
   Lo que sucede es que la mayor parte del tiempo pensamos que no tenemos la capacidad para expresar lo que queremos o peor aún, que no nos merecemos aquello que deseamos. Y esto es falso. Todo, aún los aspectos más ínfimos, fue creado para que podamos disfrutarlo.
• Los que dan vueltas: Son los que no dicen las cosas directamente. Por ejemplo, en lugar de indicarles a los demás que les gustaría que los visitaran, dan miles de vueltas para hacerles ver que se sienten solos y abandonados.
• Los que se “enferman": Es el típico caso de aquellas personas que se enferman cuando están atravesando un problema o una dificultad. Son las que no pueden poner en palabras sus emociones y entonces son sus cuerpos los que deben hablar por ellas. En estos casos es común que manifiesten síntomas como fiebre, dolores de cabeza o mareos, malestares estomacales, que denotarán que algo malo está sucediendo. De esta forma, quienes los rodean se verán obligados a acercárseles y preguntarles qué es lo que les pasa. Estos personajes, en vez de decir: "Me voy una semana de vacaciones porque necesito descansar" o "esta semana no hago nada porque no doy más", prefieren enfermarse para poder estar en cama y justificar un tal vez merecido descanso.
• Los que apelan a la comunicación indirecta: Al no poder expresar lo que quieren, envían indirectas y “misiles” todo el tiempo de alguna u otra manera, pensando que alguien entenderá a los golpes” lo que ellos no pueden poner en palabras claras y concisas. Tienes que ser consciente de que “el que pide, recibe”.


   Si uno no puede expresar en palabras todo lo que desea, termina "comiéndose" todos esos sentimientos. Lo malo del caso es que si nos comemos lo que transcurre en nuestro interior, nos estaremos comiendo a nosotros mismos.


   Podemos hablar por emoción, sentimiento, opinión o fe.
   Emoción es lo que siento ahora, sentimiento es lo que vengo sintiendo desde hace mucho tiempo. Los sentimientos muchas veces terminan siendo resentimientos, es decir, sentimientos que evolucionan con el tiempo y que, si no son expresados en palabras como debieran ser, terminan lastimando nuestro cuerpo.
   Necesitamos aprender a hablar y a darle valor a cada palabra que pronunciamos. Las palabras tienen poder para construir pero también para destruir; dependerá de nosotros cuáles elegiremos para comunicarnos. Para crecer y estar sanos necesitamos a aprender a transmitir nuestros sueños, metas y proyectos.
   Es tiempo de bendecir nuestra vida, de emitir palabras de aliento, de sabiduría, de proyección, de poder, de fe, de vida.
   Mientras estemos hablando de vida, nuestros sueños se irán cumpliendo.



LOS "NO" QUE TE SANAN

   "Un "no" pronunciado con la más profunda convicción es mejor y más grande que un "sí" enunciado sólo con el propósito de complacer o, lo que es peor, de evitar un problema" decía Mahatma Gandhi.
   Para tener más salud y más éxito necesitamos decir más "no" a determinados hechos y a ciertos tipos de personas.
   William Ury cita: "El arte de liderar no está en decir "sí", sino en saber decir "no". Muchas veces no logramos decir "no" cuando deseamos hacerlo y sabemos que deberíamos."
   Para superar esta situación, debemos:

   • No idealizar a nadie: al idealizar a la otra persona la estamos colocando en un rol superior mientras nosotros mermamos, haciéndonos de esta manera más vulnerable y quedando expuestos a que el otro pueda herirnos. Si nos conectamos con otra gente, (cualquiera sea el lugar que la persona ocupe) debe ser de igual a igual, porque ponerse “por encima de” es un acto de soberbia y "por debajo de" habilita a que los otros decidan humillarnos. Debemos recordar que todos venimos del mismo tronco y todos nos merecemos las mismas oportunidades.
   • No reaccionar mal ante las palabras de la gente: hay palabras que llegarán para lastimarte y provocar una reacción a ese mensaje que te transmiten. Las personas que pronuncian esas palabras se llaman, en psicología, tóxicas.
Diferentes tipos de personas tóxicas:


  • El ofendido: es el que con una palabra o conducta tuya se ofende y de esa manera manipula. Trasmite el mensaje: "Según cómo te comportes, yo estaré o no", para que los demás queden a la expectativa de sus acciones
  • El que tira y corre: es el que pasa, tira un misil y sigue de largo porque lo único que está buscando es tu reacción.
  • El que triangula: es el que "lleva y trae", te sumerge en el medio de una discusión que no te corresponde para que tomes partido y salgas en defensa de alguna de las partes.
  • El psicópata: es el que felicita y descalifica al mismo tiempo.
  • El reaccionario: le gusta discutir, criticar y buscar que te sumes a él para hacerte perder tiempo.  
   Un consejo: para caminar con salud, no reacciones ante las palabras de la gente. Aprende a:


  • No esperar nada de nadie: si ponemos las expectativas en la gente, sólo obtendremos frustración, porque un día responderá bien y otro día mal. No existe nada más variable que las emociones humanas.
  • No compararte Con nadie: no te compares ni permitas que te comparen porque no necesitas ser como nadie. La persona con problemas de estima vive comparándose: "tú tienes marido, hijos y yo no", "tú trabajas tanta cantidad de horas pero yo trabajo más". Todas las bendiciones tienen un nombre: debes aprender a capturarlas y disfrutar de aquellas que tienes escrito el tuyo.
  • No "fusilar" a los demás: no tomes como personal lo que te digan otros: "Alguien me dijo que aquel dijo que el otro habló mal de mí." Si te rechazan, no lo asumas como personal: existirán cientos de justificaciones posibles a cada accionar. Quizá, la persona que te lastimó fue lastimada, por lo cual herirá a quien sea por su propio conflicto. No te apresures.
  • No da valor al dolor: debemos identificarnos con la felicidad y con el éxito, no con el dolor. No vinimos a este mundo a cargar ninguna cruz ni a pagar ningún precio, sino a cumplir con nuestro propósito y a explotar al máximo todo el potencial del que disponemos.
  • No ponerte en víctima: cada uno tiene el control remoto de sus emociones y pensamientos: decide qué sentir, qué pensar y qué hablar. No entregues el poder de tus sentimientos a los demás, porque si lo haces, serás un títere en sus manos; nadie podrá lastimarte a menos que le des permiso.
  • No querer cambiar a nadie: no gastes tus energías queriendo cambiar a tu esposo, esposa, suegros, hijos, jefes, etc., porque si la persona no quiere, no cambia. La mejor manera de que el otro cambie es no queriéndolo cambiar. Si tenemos en claro y podemos decir "no" a todo aquello que nos perjudicará, si sabemos decir "no" a todo aquello que nos hace ser dependientes de los otros, estaremos listos y preparados para accionar todas aquellas oportunidades que se merecen un "sí". Cuando sabemos decir "no" estamos preparados para defender nuestros propios intereses, lo cual denotará que estamos enfocados hacia nuestros objetivos.

   "La forma como comunicamos el "no" y el hecho mismo de hacerlo, determina la calidad de nuestra vida." 
   Démosle valor a cada palabra que decimos: no digamos "sí" cuando en realidad queremos decir "no", no tengamos miedo a perder ni a dejar de ser aceptados o amados o tenidos en cuenta por saber decir un "no" certero y eficaz a tiempo.
Respetemos cada "no" que digamos.
   El escritor William Ury describe en su libro "El Poder de un no Positivo" los tres grandes dones de un "no positivo":


  1. Crea lo que necesitamos: por cada "sí" importante es necesario decir mil veces "no".
  2. Protege lo que valoramos: el "no" positivo nos permite establecer, mantener y defender los límites críticos.
  3. Cambia lo que ya no funciona: digámosle "no" a la complacencia y el estancamiento de un lugar de trabajo.

   Un primer y certero "no" muchas veces es el principio del camino que necesitamos recorrer para llegar a establecer vínculos interpersonales sanos y acuerdos exitosos.
   Si crees en las palabras que dices a diario y las llevas a acciones concretas, dejarás de vivir de falsas expectativas, de la gente y de las limosnas que puedan darte. Si te aferras a la palabra de fe, comenzarás a ver todos tus sueños cumplidos, harás lo que nunca hiciste y las cosas viejas serán borradas. Todo, de ahora en más, será un hecho nuevo.

LOS OTROS Y YO
  
   ¿Acaso alguna fuente vierte por una misma abertura agua dulce y amarga?, ¿puede la higuera producir aceitunas o la vid higos? La respuesta es "no". Así también es como de una misma boca no pueden brotar palabras de amor y odio. Nuestra lengua es un miembro pequeño pero se jacta de grandes cosas. Enormes incendios son capaces de encender nuestras palabras.
   Permanentemente los seres humanos necesitamos comunicarnos con los otros. A través del lenguaje, de la conversación y de las palabras, podemos dar a conocer cómo nos sentimos, qué es lo que nos está pasando, somos capaces de proyectar, soñar, acariciar, amar, festejar, bendecir, odiar y maldecir.
   Muchos de los errores que hemos cometido se han debido a que no hemos sabido expresar ni comunicar lo que hemos querido decir. Tal vez no supimos elegir las palabras correctas, o perdimos el tiempo en enunciar cientos de ellas, sin darnos cuenta de que en el fondo no estábamos diciendo nada, con lo cual "el otro" no entendió en absoluto nuestro mensaje.
   También puede ocurrir que el otro no registre lo que estamos diciendo por distracción, falta de interés, cansancio, aburrimiento, estrés o simplemente porque nuestras palabras sólo denotan ira, enojo, enfrentamiento o deseo de discutir. La mayor parte de nuestro tiempo no estamos escuchando a los otros, si no que estamos prestando atención a lo que le iremos a decir, aconsejar o contestar, otorgándole así mayor poder a nuestras palabras que a la escucha de los de los demás.



   Sin embargo, saber escuchar resulta mucho más eficaz que verbalizar miles de vocablos sin parar.
   Si pudiésemos prestar atención a lo que los otros intentan decirnos, no sólo lograríamos entenderlos sino que llegaríamos a comprender su interior y sus acciones.
   Todos hemos tomado malas decisiones alguna vez porque nos faltaron palabras de sabiduría. Muchas veces nos "fuimos de boca", dijimos lo que no teníamos que decir por falta de reflexión, y otras tantas veces hicimos lo que no tendríamos que haber hecho. Sólo cuando alguien camina sabiendo qué decir y qué hacer se convierte en una persona sagaz. Sagacidad no implica hacer trampa, no es ser listo, sino que es la capacidad de ser conscientes de las oportunidades que tenemos alrededor nuestro para sacarle el máximo provecho. La sabiduría no se aprende, se entiende.
   Necesitamos aprender a escucharnos primero a nosotros mismos, para así poder ser entendidos por los otros. De lo contrario, sólo viviremos haciendo monólogos que a nadie interesan.


   La comunicación es esencial y primordial en el vínculo interpersonal que establecemos a diario. Comienza por cuidar lo que hablas contigo mismo.
   Podemos enunciar cientos de palabras y no decir absolutamente nada o podemos elegir lo que hemos de decir sabiendo qué es lo que esperamos que estas palabras produzcan en los otros. Comuniquémonos eficazmente.

A continuación, algunos ejemplos de comunicación breve y eficaz:

• El día que Nelson Mandela fue liberado tras 27 años de prisión en Sudáfrica, emitió la breve alocución que señaló el fin del apartheid. Sólo necesitó hablar durante cinco minutos.
 • La oratoria de Winston Churchill ayudó a salvar a Inglaterra de ser vencida en la Segunda Guerra Mundial. La lectura del texto clave completo dura seis minutos.


   Cuando hablemos no lo hagamos por emoción, ni por sentimiento, ni para expresar una opinión ligera, hablemos porque lo que hemos de decir será un canal de comunicación y resolución.
   Hablar no significa imponer nuestra verdad "cueste lo que cueste", sino expresar nuestra perspectiva y dar a conocer nuestro mensaje. Una vez dicho esto, los otros serán libres de aceptarlo o no.
   No dejemos que nuestras palabras nos condenen ni condenen a otros, nos juzguen o enjuicien. Llenémonos de palabras de vida, de pasión, de aliento, de estima, de motivación, de anhelos, de deseos y accionemos de acuerdo a ellas. Aprendamos a hablar en positivo y no en negativo.
   Hablemos claro: 
"Sujétate con fuerza" es mejor que "Ten cuidado de no caerte". 
"Estos son los alimentos que puedes tomar" es más positivo que "Estos son tus alimentos prohibidos". 
"Siéntate aquí" es mejor que "No te sientes tan cerca del televisor".
Nelson Mandela no llamó a sus memorias "Un largo camino para dejar el apartheid", sino "Un largo camino hacia la libertad". Su compromiso no era contra el apartheid, sino a favor de la libertad.
   No hagamos tergiversación con las palabras, otorguémosles valor, convicción y firmeza a cada una de ellas. ¡Construyamos con ellas puentes, no lo hagamos volar por los aires!

"El poder de la palabra" del libro "GENTE TÓXICA"

De: Bernardo Stamateas



EL DESCALIFICADOR



¡Excelente trabajo!, lástima que lo entregaste tarde.
Un jefe a su empleado

EQUIPAJE PRESTADO

   Muchas personas desperdician a diario minutos y horas de su tiempo tratando de descalificar a todo aquellos que se encuentran a su alrededor. Pareciera ser que disfrutan al menospreciar y rebajar a los demás, sea cual fuere la tarea que están realizando o el vínculo que tengan con las víctimas.
   Si alguna vez padeciste este tipo de ataque verbal, es posible que te hayas cuestionado el origen de estas agresiones, que te hayas preguntado cuáles fueron las causas que las motivaron y, seguramente, no hayas encontrado la respuesta.
   Podemos proponer diferentes teorías y suposiciones: sin llegar a ninguna conclusión única sí podemos de todas maneras darnos cuenta de que el descalificador tiene como objetivo controlar nuestra autoestima, hacernos sentir "nada" ante los demás, para que de esta forma, él pueda brillar y ser el centro del universo.
   Si haces algo, el descalificador te criticará por accionar y si no accionas, te juzgará por no hacerlo. Su especialidad son los dobles mensajes y los mensajes ambivalentes. Los descalificadores hoy te endiosan y mañana te bajan del pedestal en un instante. Juegan juegos crueles que pretenden desestabilizar tus emociones y robarte los sueños.
   Su idea es que vivas desconfiando, te sientas inseguro y seas dependiente de sus palabras y opiniones.
   Invalidar, descalificar, manipular son los objetivos, las metas del descalificador. El procura tener control y poder sobre tus emociones, tu alma y tu razón para luego destruir tu estima y que entonces que pases a depender absolutamente de él.
¡Es un digno representante de la gente tóxica!
   Sin embargo, no todas son malas noticias. Podemos recuperar el control de nuestras emociones, de nuestra estima y ser libre de cada uno de los descalificadores.
¡Podemos desintoxicarnos!
   Aprendamos a reconocerlos y a accionar de la forma más productiva y eficaz para que nadie salga herido ni perjudicado.

CÓMO RECONOCER A UN DESCALIFICADOR Y EVITAR SALIR LASTIMADO

   Conocer e identificar el modus operandi del descalificador nos permitirá neutralizar sus ataques, defendernos y resguardarnos inteligentemente, y así coartar y limitar su avance y sus intenciones.
Comencemos a visualizar las tácticas y las estrategias del descalificador: 
  • Se esconde detrás de máscaras: juega el papel del amigo, del compañero y por qué no, hasta de un hermano
  • Finge estar interesado en lo que haces, pero en su mente tramará cómo sacar ventaja de aquello en lo que estás trabajando
  • Es irónico y sarcástico: mediante indirectas e insinuaciones te hará creer que lo que estás haciendo no está del todo bien, influyendo de esta manera negativamente en la motivación y la energía que volcaste en tu proyecto
  • Vivirá usando una lupa para ver con detalle tus defectos, para luego utilizarlos a su favor y poder así desvalorizarte en el momento indicado, convirtiéndote en su presa y en su víctima
  • Tratará por todos los medios de reducir tu estima y tu valor a cero para que su figura y su poder aumenten. Sólo si tú mermas, él podrá hacerse grande
  • Estará atento a escuchar los reclamos y las quejas que tú hagas sobre ti mismo, para que en el momento adecuado y certero pueda sacarlos a luz y así perjudicar tu estima y tu poder
  • Agigantará tus errores y tus fracasos y reducirá al máximo el valor de tus logros y de tus éxitos
  • Por momentos intentará ser un ángel, un ángel enmascarado y agazapado, que en el momento preciso será capaz de dar la estocada final. Si por alguna circunstancia debes enfrentarte o competir con él, por ejemplo, en un proyecto laboral, a este "ángel" no le importará haberte dicho ser "tu hermano" en algún momento, sino que avanzará con toda la artillería lista para desvalorizar tus logros y hacerte quedar como una pobre persona que no consigue nada de lo que se propone en la vida
  • Vivirá escondido detrás de una máscara para jugar así mejor su juego, ocultando su mal humor, su irritabilidad y la falta de dominio propio al no poder presentarse y relacionarse tal cual es. Su propia vulnerabilidad logra asustarlo
  • Su objetivo es tener "poder y control" sobre todo cuanto sucede y sobre todos aquellos que estén a su alcance
  • Sólo él tiene razón y conoce a la perfección todos los temas y asuntos que pueden tratarse.
   ¿Conoces a alguien así?
   Seguramente en cientos de oportunidades has tenido que convivir con muchos de ellos, y hoy, mientras estás leyendo, estás viendo mentalmente el retrato de aquel que le acosó y trató de amargarte y hacerte difícil la convivencia. Ellos sienten que, cuanto mayor control tienen, mayor es su satisfacción, (aunque ese control sea efímero).
   Aunque te parezca difícil de creer, todos, alguna vez, fuimos víctimas de un descalificador; incluso los mismos que ahora descalifican han sufrido en su momento permanentes agresiones que lastimaron su estima y sus ganas de crecer.
Todos hemos recibido respuestas y contestaciones letales que nos han dejado atónitos o sin palabras; sin embargo es importante resaltar que "todos" tenemos la oportunidad de cambiar, de pedir disculpas si hemos descalificado y de revertir las actitudes y las acciones que desplegamos a diario si estas son nocivas para nosotros o para terceros.

PODER Y CONTROL

   La mentalidad de la persona descalificadora es avasallante y precisa. Sabe con exactitud cuál es el dardo que saldrá de su boca, ya que su fin es destruir tu estima.
   Es detallista: observará a la perfección cada una de tus acciones para poder así determinar en qué momento disparar los perdigones. Sus movimientos son tan minuciosos que la víctima no se da cuenta del lugar que le está cediendo a esta persona y de lo destructiva que su manipulación puede llegar a ser.
   El descalificador se encargará de hacerte cumplir sus exigencias o, de lo contrario, te hará la vida imposible. Sea como fuere, querrá conseguir que pienses, sientas y acciones sólo como él lo desea.
   Otro rasgo llamativo de este tipo de personas es que pretenden "ser perfectas"; el descalificador jamás podrá admitir un error, y por supuesto no sentirá culpa por nada; por otro lado nada de lo que sucede obtiene su atención, con excepción de aquello relacionado con lo que él quiere alcanzar. A medida que su víctima le deja espacio, él va ganando territorio. Al cabo de los meses y de los años, su humor será más irritable y sus contestaciones más hirientes, hasta verse convertido en un ser sumamente difícil para la convivencia.
   Control, poder y más control y poder, es lo que anhelan estas personas: control sobre tus emociones y tus acciones. Su agresión aumentará en la medida en que tomen conciencia de que quienes están a su alrededor, en cuanto puedan, se alejarán de sus vidas, perdiendo así todo lo que alguna vez se esforzaron por alcanzar.
   Claro que en un momento determinado esa agresión se volverá contra ellos, convirtiéndose en una depresión llena de culpas que desembocará luego en una enfermedad psicosomática.

DESCALIFICACIÓN: ENFERMEDAD CONTAGIOSA

   Tal vez te preguntes si es posible que puedas contagiarte de ese poder destructivo tan aborrecible. La respuesta es "sí".
Veamos cómo.

   En primer lugar, la persona descalificadora se tomará tiempo para conocerte; de a poco, encontrará una forma de satisfacer tus necesidades, de llevarte paz y cooperar contigo, para que, una vez que le hayas dado toda tu confianza, sean sus palabras y sus decisiones las que tengan poder y peso sobre tu vida.
   En esta instancia, dudarás de tus capacidades, y te preguntarás "¿no será que él tiene razón?, yo no puedo con todo esto." Y hasta llegarás a dar gracias de que esa persona esté a tu lado, aunque esté convirtiendo, sin que tú te des cuenta, tú servicio o trabajo en servilismo.
   Desde ese lugar de autoridad y poder, toda palabra que salga de su boca será aceptada por ti, y como no sabrás cómo manejar la frustración y la desvalorización continuas que recibes, reprimirás toda la bronca contenida. Como no serás capaz de enfrentar la situación, inconscientemente te equivocarás más seguido, quedando expuesto a la palabra autorizada que descalifica y subestima todas tus emociones
y capacidades.
   Es importante que sepas que a partir de la reiterada manipulación que el descalificador hará de tus valores, con el tiempo correrás el riesgo de parecerte a él. El agresor te enseña que "el mundo empieza y termina en cada uno", lo cual, a la larga, podrá convertirse en tu propia creencia. Si esto sucede, tal vez sientas que ahora sí, te toca, como se dice, "tener la sartén por el mango".
   Así es como sucede que el que alguna vez sufrió en carne propia este tipo de maltratos, puede convertirse en el victimario una situación similar.
   Esto nos ofrece una conclusión muy interesante, en el sentido de que podemos deducir que el descalificador alguna vez fue víctima.

NI PRÍNCIPE NI VERDUGO: "POR EL LIBRE ALBEDRÍO"

   Como vimos en el punto anterior, muchos de los descalificadores, tal vez, en algún momento de sus vidas, hayan sido descalificados y, por lo tanto, tal vez ocurra que la descalificación sea la única manera que conocen o que encontraron para relacionarse con los demás. Quizás es la única forma posible que tienen de sentirse, por algunos instantes, importantes. Su forma de pensar es “yo crezco y tengo poder si soy capaz de destruir tu estima y controlarte”.
Sin embargo, esa necesidad ilimitada de demostrar poder solo es el resultado de una estima baja, herida, que encuentra valor a sí misma hiriendo y lastimando a otro.


   La máscara del "ego elevado" es la elegida por ellos. Los hallaremos siempre con un ego altísimo, capaz de invalidar cualquier acción o a cualquiera que trate de superarlos.
   Personas de este tipo pueden encontrarse en todas partes, sea cual fuere el ámbito en donde nos hallemos, tanto en el terreno laboral, como en el social o familiar
   Son seres que proyectan en los otros todas las frustraciones e inseguridades que no les permitieron crecer ni desarrollar su potencial y sus sueños. Como "Utiliza esta exageración de sí mismo para superar la inferioridad." Jay Carter, ellos no pudieron llegar a la meta, su objetivo será que tú tampoco lo logres: "Si yo no lo logro, él tampoco" es su típico razonamiento. Sólo al lograr disminuirte y menospreciarte, él podrá sentirse, al menos por un momento, importante.
   El descalificador conoce a la perfección todo lo que eres capaz de alcanzar si te lo propones e ideas metas para alcanzarlo. Sabe que cuentas con la genética de un campeón, y como conoce tu potencia intentará por todos los medios hacerte sucumbir y amedrentarte. Este es el único camino que conoce y que es capaz de ejecutar el descalificador para que nada se salga de su control.
   Sin embargo, no es tu destino ni el mío el tener que convivir con personas cuya meta es limitarte y lastimar permanentemente tus emociones, ni tampoco nos compete ser su socorrista.


   El descalificador no es más que un simple nene asustado que va reprimiendo y rechazando todo lo bueno que la vida había deparado para él.
   Quizás, en este momento, te preguntes: "Una persona descalificadora: ¿podría formar pareja?, ¿sería capaz de sentir amor?, ¿de compartir sus pensamientos con un amigo?, ¿podría trabajar en equipo?, ¿sentir la belleza de vivir?"
   La respuesta es "no", a menos que tome conciencia de sus actitudes, de su manipulación y decida revertir su mentalidad y su trato.

PALABRAS MORTÍFERAS

   A partir del momento en que recibimos la ofensa o el maltrato, lo primero que se activa en nuestra mente es el preguntarnos y cuestionarnos si algo de todo lo que se dijo es verdad o no, y cuánto hay de cierto y cuánto de error en las insinuaciones que se nos hacen. Cuando operamos bajo este modelo comenzamos a darle más crédito a las palabras del descalificador y a su manipulación que a nuestra propia convicción y acción. Creamos de este modo diálogos internos, derrochamos fuerzas en batallas estériles, en responder a ecos difíciles de acallar, envenenando nuestra mente con falsas profecías y manipulaciones que no merecemos.
   Cuando nuestra mente comienza a interpretar lo que los otros han querido decirnos, empezamos a sentirnos de acuerdo a lo que hemos interpretado.
   Muchos de nosotros tomamos las palabras del descalificador como "palabra sagrada", sin darnos cuenta de que nos estamos haciendo cargo de sus dichos que poco tienen que ver con nuestras reflexiones. Paulatinamente vamos incorporando lo que el descalificador dice y le otorgamos un valor devastador, que lucha en contra de todo aquello que nos hemos propuesto. Ten en cuenta que al hacer carne lo que nos han dicho podremos llegar a tomar las peores decisiones para nuestras vidas.
   Y mientras nuestra estima pierde valor, no solamente nos apegamos -a los falsos mandatos impuestos, sino que todo lo malo y negativo que hayamos pasado recobra fuerza y vuelve para seguir creciendo y lastimando nuestras emociones.
   Dichos como:
  • No sirves
  • No puedes
  • Ten cuidado
  • No llores
  • No seas tonto
  • No te muestres débil
  • ¡Qué incapaz!
  • Eres culpable de lo que pasa
  • Eres molesto
  • Es demasiado para ti
  • Eres rebelde
  • Cállate la boca
  • Haragán

... terminan convirtiéndose en creencias que asumimos como tales y que no nos animamos a refutar.
   La ley de la Concentración establece que: "Cuanto más pienses sobre una cosa, más ésta se hace parte de tu realidad", es decir que aquello que pienses acerca de ti mismo será aquello en lo que te convertirás.


   La posición de víctima no solo traerá angustia y frustración a tu vida, sino que también te transformará en la presa preferida del descalificador, y lo peor de todo es que si por un instante te animas a responder a su agresión, la culpa por responder y defenderte te producirá una angustia aún mayor.
   Por todo esto, el primer paso es poner en orden tu mente y objetar todo lo que hasta hoy creíste cierto. Un pensamiento verdadero acarrea otro pensamiento cierto, y la suma de ellos sanará tu estima y cambiará el valor y el poder de tus decisiones. Para romper con la descalificación que alguna vez recibiste, lo primero que debes hacer es cambiar y ordenar tu propia atmósfera interior y decidir a qué personas vas a dejar entrar en tu círculo más íntimo y a cuáles no.
Cuando defiendas tus creencias y tus valores, podrás afirmar tu estima, tu valoración y tus acciones. Entonces, poco a poco sentirás que estás capacitado para alcanzar todo lo que te propongas, y con una cuota de perseverancia, las mejores oportunidades estarán a tu alcance.


   En la NASA hay un cartel que dice: "Está comprobado que el abejorro, aerodinámicamente, no puede volar por su peso, tamaño y cuerpo, sólo que él no lo sabe."
   En reiteradas ocasiones te dijeron que no eras capaz, que no servías; sin embargo, si tienes actitud de aprender y refutar lo que una vez aceptaste sin cuestionar, todo tu potencial será puesto en marcha y los mejores éxitos tendrán tu nombre.

LIMPIEZA EMOCIONAL

   Si en algún momento de nuestras vidas anhelamos ser personas influyentes, debemos comenzar por reconocer que sólo podremos alcanzar la meta si somos capaces de tener valor, estima, energía, fuerza, aliento, motivación, respeto y amor por los otros. De lo contrario, como dice Erich Fromm,: "Cuando el ser humano se transforma en "cosa", enferma, lo sepa o no."
   El valor que le podamos dar al otro nos dará la fuerza y el empuje que todos, en determinados momentos, necesitamos para crecer y convertirnos en la mejor creación de nosotros mismos. A partir de allí, estando en paz, podremos quitar de nuestro lado a toda aquella persona que tenga como meta desvalorizar y descalificar nuestra vida.


   ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo controlar al descalificador?
   Podemos confrontar al descalificador, pero esto no dará buen resultado: él siempre dará vuelta todo el asunto para salir ileso de la situación y hacer que tú quedes con toda la culpa y la responsabilidad del asunto. En casos como éste, él te podrá decir: "¿De dónde sacaste esa idea de que yo  te estoy usando?, yo soy tu amigo y nunca te utilizaría", con una voz dulce y llorosa que te hará pensar: "Tiene razón, qué tonto, cómo pude pensar eso de él", con lo cual te llenará de angustia y remordimiento sentir que pensaste mal de él, tomando el descalificador un mayor control no sólo sobre tu mente sino sobre la situación en general.
   Otro método no muy aconsejable para controlar al descalificador es, simplemente, actuar como él: eres descalificado, entonces descalificas, y así sucesivamente. Sin embargo esta solución no es la óptima, ya que si la eliges, te estarás sumando a su juego, corriendo el riesgo de salir nuevamente herido.
   El descalificador tiene millones de métodos que sacará de su galera para cada situación en la cual decidas enfrentarlo, y si no la tiene en su mente, la improvisará como todo buen actor.


   Sólo si logramos controlar nuestras emociones, si aplicamos el dominio propio a nuestras vidas y contamos "1, 2 y 3" antes de comenzar a hablar, sabremos qué no hacer frente a esta clase de manipuladores emocionales y seremos capaces de ganar la batalla.

Claves para tratar con un descalificador:
  • No lo contradigas: ésta es una batalla que nunca vas a ganar si lo contradices abiertamente; si insistes con esa estrategia, él se cobrará tu hazaña, ya que detesta ser confrontado. Es vengativo, y si lo humillas, tu nombre estará escrito en su memoria para siempre.
  • No lo confrontes en público: por cierto, esta es una humillación que no dejará pasar por alto. ¿Cómo te atreviste a ofender o a desautorizar la palabra del todopoderoso?
  • Acércate al descalificador: no seas su amigo, simplemente acércate, para que no te hiera. Sé sutil: pequeños gestos y conductas logran grandes cambios; tal vez te suene medio loco, pero es una buena forma de empezar.
  • Míralo y sonríe: este es un método más que sencillo para que tomes el control de la situación; suponte que el descalificador está frente a un grupo de cinco o seis personas y lo primero que hace es ponerse a discutir contigo con el único objetivo de demostrar quién tiene el poder. En este caso, lo que debes hacer es mirarlo con "cara de nada", sonreírle y darle a entender que lo has escuchado, para así revertir lo más rápido posible la situación de tensión. Sé que es difícil, pero se puede.
   
   La conclusión final es "no caigas su juego", no cedas a sus golpes bajos.

   Comienza por priorizar tu vida, cuida tus emociones, deshazte de toda la gente tóxica que por años estuvo cerca de ti y sigue tu camino.
Si cuando eras chico te desvalorizaron, te manipularon, te ofendieron, perdona a todos, sé libre de cada una de las palabras y de las insinuaciones que asumiste como ciertas, y serás libre de todos los que te ofendieron. Aprende a ser independiente, a ser el constructor de tu propio destino.
   El pasado es sólo eso: pasado. Por delante están los mejores años por vivir. Si eres capaz de dejar el pasado atrás, de superarte, de recuperar tu estima, de darle valor a tu vida y a tus sueños, podrás sentarte a la mesa y comer el postre tranquilo.


"Lo peor es educar por métodos basados en el temor, la fuerza, la autoridad, porque se destruye la sinceridad y la confianza, y sólo se consigue una falsa sumisión."
(Albert Einstein)

'Los que están siempre de vuelta de todo son los que no han ido nunca a ninguna parte."
(Antonio Machado)

"No te jactes de tí mismo; que sean otros lo que te alaben."
(Proverbios 27:2)

"Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonando, se muestra superior a él."
(Francis Bacon)

"Procura conseguir lo que te gusta o te verás obligado a que te guste lo que no te gustará."
(G. Bernard Shaw)

"Tantas veces nos pasa que vivimos la vida encadenados y ni siquiera nos enteramos de que tenemos la llave del candado."
(The Eagles)

"El mayor enemigo de la libertad individual es el propio individuo."
(Saul Alinsky)

"Lo único que puedes cambiar del mundo es a ti mismo, y eso hace toda la diferencia del mundo."
(Cher)


Extraído del libro "Gente Tóxica" de Bernardo Stamateas
Resumen realizado por Inés Estela López