SOLTAR, DEJAR IR...

"- Todo vale la pena. Porque somos quienes somos por aquello que hemos vivido.
Somos quienes somos por aquello que algunas otras personas dejaron en nosotros,
pero somos absolutamente quienes somos, gracias a aquello que hemos perdido,
gracias a eso que ya no están con nosotros.

- Es tan fácil darse cuenta cuando a uno no lo quieren:
basta con mirar al otro fijamente a los ojos.
¿Alcanza con verlo moverse en el mundo?
¿Es suficiente con preguntarle o preguntarme?
Si así fuera, ¿cómo se explica tanto desengaño?
¿Por qué la gente se defrauda tan seguido, si en realidad, es tan sencillo darse cuenta de cuánto les importamos o no les importamos a los que queremos?
¿Cómo puede asombrarnos el descubrimiento de la verdad del desamor?
¿Cómo pudimos pensarnos queridos, cuando en realidad, no lo fuimos?
Hay aquí algo para aprender:
"Nadie es más vulnerable a creerse algo falso que aquel que desea que la mentira sea cierta".

- Es mentira que tenemos que cargar con cada cosa que hemos querido y valorado;
y es mentira que debemos seguir adelante con todo lo de antes, con todo lo que ya no está.
Perdemos no solo a través de la muerte sino a través del abandono del cambio a través de seguir adelante.
Nuestras pérdidas incluyen también nuestras renuncias conscientes o inconscientes:
la perdida de los sueños románticos, la cancelación de nuestras esperanzas irrealizables, la perdida de las ilusiones de libertad, de poder, de seguridad y porque no, también la perdida de nuestra juventud.

Es imposible poder aceptar con una sonrisa todas las cosas, que lamentablemente son ciertas e ineludibles.
Hace falta aceptar la verdad que no queremos de asumir de una vez y para siempre.
Que nuestra madre va a dejarnos, y nosotros vamos a dejarla a ella.
Que el amor de nuestros padres nunca será exclusivamente para nosotros.
Que aquello que nos hiere no siempre puede ser remediado con besos.
Que esencialmente estamos aquí solos.
Que tendremos que aceptar el amor mezclado con el odio, con lo bueno y con lo malo.
Que alguna de nuestras elecciones está limitada por nuestra anatomía, que existen defectos y conflictos en todas las relaciones humanas.
Que no importa cuán listos seamos, a veces nos toca perder.
Habrá que aceptar que somos irremediablemente incapaces de ofrecer a nuestros seres queridos o a nosotros mismos la protección contra todo peligro, contra todo dolor, contra el tiempo perdido, contra la vejez o contra la muerte.

- Muchas veces la vida está relacionada con soltar lo que alguna vez nos salvó, soltar las cosas a las cuales nos aferramos intensamente creyendo que tenerlas es lo que nos va a seguir salvando de la caída.




- Imagínate que vas por una selva. Te encuentras un río y debes seguir tu camino. El río es muy profundo, no lo puedes cruzar caminando, no hay un puente, ni un barco, ni un botero, ni un vado. Entonces, durante días y días, durante semanas o meses, te dedicas a construir un bote, un bote que te permita cruzar el río. Y lo haces. Y estás contento contigo al otro lado del río porque construiste tu bote que te permitió seguir. Y piensas: "quizás haya otro río", "quizás pueda evitarme el trabajo de seguir construyendo otros botes", "debo llevar el bote conmigo". Y entonces, intento avanzar por la selva cargando con él, pero es tan difícil, es tan complicado... Tropiezo con cada rama, me llevo por delante cada liana... Es imposible, pero persisto. No quiero dejar este bote después de todo, ha sido tan útil para mí. Y sin embargo, esto, que un día me salvó, este bote que un día representó la posibilidad de seguir, hoy es mi mayor impedimento.
Ser un adulto significará aceptar que soy capaz de hacerlo, una vez más. Significará dejar atrás aquello que hoy no me sirve, aquello que alguna vez me sirvió pero que hoy no tiene sentido en este camino. Y apostar, a que si hay un nuevo río, seré hoy más sabio para construir un nuevo bote.

- No hay perdida que no implique una ganancia, un crecimiento personal, porque lo que sigue, después de haber llorado cada perdida, después de haber elaborado el duelo de cada ausencia, después de habernos animado a soltar.
Es el encuentro con uno mismo enriquecido con aquello que hoy no tengo pero pasó por mi y también por la experiencia vivida en el proceso.

- Me dirás, es horrible pensar que la muerte de un ser querido significa una ganancia para mí. Yo entiendo. Podría dejar fuera de esta conversación la pérdida de un ser querido, podría ponerla en el casillero de las excepciones, pero no creo que lo sea. En todo caso, la muerte de un ser querido es un hecho inevitable en nuestras vidas, y el crecimiento que de ello deviene, también. No estamos entrenados a pensar que no debemos sufrir.
Hemos sido educados por nuestros amorosos padres para convencernos de que sufrir es algo dañoso, que sufrir nos puede destruir, que el dolor puede aniquilarnos. Pero el dolor es tan saludable en nuestras vidas como lo es la tristeza.
El dolor es tan constructivo como puede ser cualquier alerta de que algo se ha desacomodado. Es importante no transformar el dolor en sufrimiento.
El dolor es el paso por un lugar no deseado; el sufrimiento es armar una carpa y quedarse a vivir en ese lugar indeseable.
El duelo es el pasaporte que nos saca del sufrimiento y que permite que el dolor pase.

- Pero es imposible dejar de desear y también es imposible poseer infinitamente y para siempre todo lo que deseamos.
No somos omnipotentes, ninguno de nosotros puede ni podrá jamás tener todo lo que desea. ¿Existe la solución?

- Yo creo que existe. Y creo que está a la mano para cualquiera.
La posibilidad es aprender a entrar y salir del deseo, es desarrollar la capacidad de desear sin quedarse pegado a ese deseo, sin agarrarle como se agarra un alpinista a la soga que cree que le va a salvar la vida.

Aprender es, sobre todo, aprender a soltar: soltar herramientas que ya no necesito, soltar personas que ya he perdido, soltar situaciones que se transforman, soltar vínculos que cambian, soltar etapas de la propia vida que han quedado atrás, soltar los momentos que se han terminado... Y cada uno de ellos ha sido una perdida que hay que devorar, han sido etapas de mi vida que han pasado, y es mi responsabilidad enriquecerme al despedirlas.


"Gran maestro -dijo el discípulo- he venido desde muy lejos para aprender de ti. Durante años he estudiado con todos los iluminados y gurús del país y todos han dejado mucha sabiduría en mí. Ahora creo que tú eres el único que puede completar mi búsqueda. Enséñame, maestro, lo que me falta saber.

Baduín el sabio, siempre sereno, le dijo que tendría mucho gusto en mostrarle todo lo que sabía, pero antes de empezar iban a beber un té. El alumno, agradecido, se sentó junto al maestro. Baduín trajo una tetera y dos tazas de té, ya llenas. Alcanzó una de ellas al alumno y tomó la otra. Antes de que el discípulo empezara a beber, Baduín empezó a volcar más té en la taza llena del alumno. El líquido no tardó en derramarse al plato, y del plato a la alfombra. "¡Maestro, maestro, por favor deja de echar el té sobre mi taza!", dijo el alumno. Baduín parecía no escucharlo. Luego, lo miró a los ojos y le dijo: "hasta que no seas capaz de vaciar tu taza, ni yo ni nadie podremos poner más conocimiento en ella".

- Hay que vaciarse para poder llenarse. Una taza, dice Krishnamurti, solo sirve cuando está vacía. No sirve una taza llena: no hay nada que se pueda agregar en ella.

- Esta es tu vida. Vas a tener que deshacerte del contenido de tus tazas llenas si quieres llenarla otra vez. Tu vida se enriquece cada vez que llenas una taza, pero también se enriquece cada vez que la vacías, porque cada vez que vacías tu taza estas abriendo la posibilidad de llenarla de un contenido nuevo. Y una de las tazas que más me cuesta vaciar, y que seguramente más te cuesta vaciar a ti, es la imagen que tenemos del mundo, porque queremos atenernos a que el mundo siga siendo como nosotros lo vimos, porque no queremos aceptar que el mundo cambia, no queremos aceptar que el mundo no es como yo quiero que sea y que esto implica un duelo. Si me animo a soltar el contenido de la taza de un sueño, quizás, pueda encontrarme en la mejor ruta para descubrir la verdad.




En el poema: "Transferencia" De: Hamlet Lima Quintana, 
Dice:

"Después de todo, la muerte es una gran farsante.
La muerte miente cuando anuncia que se robará la vida,
como si se pudiera cortar la primavera,
porque al final de cuentas la muerte solo puede robarnos el tiempo,
las oportunidades de sonreír, de comer una manzana,
de decir algún discurso, de pisar el suelo que se ama,
de encender el amor de cada día,
de dar la mano, de tocar la guitarra,
de transitar la esperanza, solo nos cambia los espacios,
los lugares donde extender el cuerpo,
bailar bajo la luna, o cruzar a nado un río,
habitar una cama, llegar a otra vereda,
sentarse en una rama,
descolgarse cantando de todas las ventanas.
Eso puede hacer la muerte, pero robar la vida,
robar la vida no puede.
No puede concretar esa farsa porque la vida,
la vida es una antorcha que va de mano en mano,
de hombre a hombre, de semilla en semilla,
una transferencia que no tiene regreso,
un infinito viaje hacia el futuro,
como una luz que aparta, irremediablemente, las tinieblas."





- Claro que cuesta trabajo soltar aquello que no tengo, claro que es trabajoso poder desligarse y empezar a pensar en lo que sigue. Por supuesto, es el peor de los desafíos que implica ser un adulto sano y, sin embargo, no hay otro camino. Este es el coraje, esta es la fortaleza de la madurez, saber que puedo afrontar lo que me pase, que inclusive puedo afrontar la idea de que alguna vez, alguna vez, yo mismo, no voy a estar.
Quizás pueda, por el camino de entender lo transitorio de todos mis vínculos, aceptar también algunas de las cosas que son más difíciles de aceptar; que no soy infinito, que hay un tiempo para mi paso por este lugar y por este espacio. Y sobre todo, que debo hacer hoy las cosas que voy dejando de lado.

Creo que lo que más nos duele cuando un ser querido se muere es aquello que no le dijimos, es aquello que no le acercamos, es aquello que no nos dijo. Son esas cosas pendientes las que nos duelen con la muerte de aquellos queridos. Bueno sería a empezar a darnos cuenta que este es el momento, quizás mañana no estés, quizás mañana yo no esté. Hoy es el día de llamarte para decirte lo que siento.

- La muerte de un ser querido, cualquiera que sea el vínculo, es la experiencia más dolorosa que pueda pasar una persona. Toda la vida, en su conjunto, duele. Nos duele el cuerpo, nos duele la identidad y el pensamiento, nos duele la sociedad y nuestra relación con ella, nos duele el dolor de la familia y los amigos. Nos duele el corazón y el alma, duele el pasado, duele el presente, y especialmente, duele el futuro.


Y la única manera es transitar ese dolor."

De: Jorge Bucay


AUTORECHAZO


Estaba allí desde el primer momento,
en la adrenalina que circulaba por las venas de tus padres
cuando hacían el amor para concebirte,
y después en el fluido 
que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón 
cuando todavía eras sólo un parásito. 

Llegué a ti antes de que pudieras hablar, 
antes aun de que pudieras entender algo 
de lo que los otros te hablaban. 

Estaba ya, cuando torpemente 
intentabas tus primeros pasos 
ante la mirada burlona y divertida de todos. 
Cuando estabas desprotegido y expuesto, 
cuando eras vulnerable y necesitado.

Aparecí en tu vida
de la mano del pensamiento mágico,
me acompañaban…
las supersticiones y los conjuros,
los fetiches y los amuletos…
las buenas formas, las costumbres y la tradición…
tus maestros, tus hermanos y tus amigos…
Antes de que supieras que yo existía,
yo dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad.
Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.

Yo te traje tus sentimientos de vergüenza,
te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso,
de feo,
de estúpido,
de desagradable.

Yo te colgué la etiqueta de “diferente”
cuando te dije por primera vez al oído
que algo no andaba del todo bien contigo.


Existo desde antes de la conciencia,
desde antes de la culpa,
desde antes de la moralidad,
desde los principios del tiempo,
desde que Adán se avergonzó de su cuerpo
al notar que estaba desnudo…
y lo cubrió.

Soy el invitado no querido,
el visitante no deseado,
y sin embargo
soy el primero en llegar y el último en irme.

Me he vuelto poderoso con el tiempo,
escuchando los consejos de tus padres sobre cómo
triunfar en la vida.

Observando los preceptos de tu religión,
que te dicen qué hacer y qué no hacer
para poder ser aceptado por Dios en su seno.

Sufriendo las bromas crueles
de tus compañeros de colegio,
cuando se reían de tus dificultades.

Soportando las humillaciones de tus superiores.
Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo
y comparándola después con las de los “exitosos”
que se muestran por televisión.

Y ahora, por fin.
poderoso como soy
y por el simple hecho
de ser mujer,
de ser negro,
de ser judío,
de ser homosexual,
de ser oriental,
de ser discapacitado,
de ser alto, petiso, o gordo…
puedo transformarte…
en un tacho de basura,
en escoria,
en un chivo expiatorio,
en el responsable universal,
en un maldito
bastardo
desechable.


Generaciones y generaciones de hombres y mujeres
me apoyan.
No puedes librarte de mí.

La pena que causo es tan insostenible
que para soportarme,
deberás pasarme a tus hijos,
para que ellos me pasen a los suyos,
por los siglos de los siglos.

Para ayudarte a ti y a tu descendencia,
me disfrazaré de perfeccionismo,
de altos ideales,
de autocrítica,
de patriotismo,
de moralidad,
de buenas costumbres,
de autocontrol.

La pena que te causo es tan intensa
que querrás negarme
y para eso
intentarás esconderme detrás de tus personajes,
detrás de las drogas,
detrás de tu lucha por el dinero,
detrás de tus neurosis
detrás de tu sexualidad indiscriminada.

Pero no importa lo que hagas,
no importa adónde vayas,
yo estaré allí
siempre allí.
Porque viajo contigo
día y noche
sin descanso,
sin límites.

Yo soy la causa principal de la dependencia,
de la posesividad,
del esfuerzo,
de la inmoralidad,
del miedo,
de la violencia,
del crimen,
de la locura.

Yo te enseñé el miedo a ser rechazado,
y condicioné tu existencia a ese miedo.
De mí dependes para seguir siendo
esa persona buscada, deseada,
aplaudida, gentil y agradable
que hoy muestras a los otros.

De mí dependes
porque yo soy el baúl en el que escondiste
aquellas cosas más desagradables,
más ridículas,
menos deseables de ti mismo.

Gracias a mí,
has aprendido a conformarte
con lo que la vida te da,
porque después de todo,
cualquier cosa que vivas será siempre más
de lo que crees que mereces.
¿Has adivinado, verdad?


Soy: El sentimiento de rechazo que sientes por ti mismo.

Recuerda nuestra historia…
Todo empezó aquel día gris
en que dejaste de decir orgulloso:

¡YO SOY!

y entre avergonzado y temeroso, 
bajaste la cabeza y cambiaste tus palabras y actitudes 
por un pensamiento:

Yo debería ser.



Del libro "Déjame que te cuente"
De: Jorge Bucay



EL ÁNGEL DE LA MUERTE


Esta narración comienza en una taberna de Bagdad, donde un discípulo de un maestro sufí se encuentra con el ángel de la muerte, que estaba visitando a quienes tenía destinado llevarse con él.

Temiendo ser uno de la lista, el joven decidió abandonar Bagdad e iniciar una larga travesía tratando de alejarse lo suficiente como para evitar encontrarse con él, antes de que venciera el plazo de su permanencia en la tierra.

Cabalgó muchas días, y al llegar a Samarkanda buscó una cueva para ocultarse y permanecer las tres semanas que necesitaba para eludir el fatal encuentro.

En su precario escondite se vio obligado a padecer frío, hambre y sed, avatares que soportó con estoicismo para lograr su objetivo de huir de la muerte.

Una vez pasadas dos semanas, decidió abandonar ese refugio para estar bien seguro de evitar el encuentro, y buscar otro en algún lugar aún más inaccesible que desalentara cualquier intento de persecución.

Durante tres largos días recorrió extensos valles, atravesó ríos e intrincadas selvas y escaló escarpadas montañas hasta que finalmente, en un lugar remoto, casi en la cima de una montaña y al borde de un precipicio, encontró una hendidura disimulada en la piedra que consideró el escondite ideal.

Se acomodó como pudo en el pequeño agujero, contento de haberle casi ganado la batalla al ángel de la muerte, cuando sólo faltaban escasas horas para que se cumpliera el plazo de su permanencia en la tierra.

Ningún ser humano había incursionado alguna vez por esos lugares tan inhóspitos, ni escalado hasta tan elevadas alturas, pero sentía que había valido la pena, porque estaba casi seguro de haber conseguido burlar al destino.

Cansado de su larga travesía y mientras aguardaba que pasaran los minutos, no pudo resistir el sueño y se quedó dormido profundamente.

Pero el peso de su cuerpo, casi al borde del precipicio, fue produciendo lentamente una profunda grieta en la húmeda tierra sobre la que reposaba y al poco tiempo, no pudo evitar desbarrancarse desde semejante altura hasta caer pesadamente al borde de un arroyo, mil metros más abajo, justo a los pies del ángel de la muerte que parecía haberlo estado esperando.

Habían sido inútiles todos sus esfuerzos y privaciones para eludir su destino, porque la muerte parecía haber contado con todos los recursos para hacer prevalecer sus deseos.


Este cuento nos muestra la inutilidad de los esfuerzos para desviar el curso del destino, que si bien no está escrito, cada uno de nosotros lo va cumpliendo con aciertos y errores, con inteligencia e ignorancia, y con virtudes y debilidades; y que una vez que llega el desenlace final, ya no podrá ser admitida ninguna enmienda; y fatalmente, cualquier cosa que se haga para engañar al destino sólo servirá para provocar su cumplimiento.

Cada una de nuestras acciones que nosotros calificamos como buenas o malas produce inevitablemente una huella en nuestra existencia, una reacción de todas nuestras acciones, que resultan imposibles de borrar ni revertir; y que se sumará o restará al balance total y producirá un resultado final, que será nuestro destino fijado.

Porque somos nosotros los dueños de nuestro destino, que vamos eligiendo paso a paso, y sólo depende de nosotros el camino que seguimos.

( Cuento sufí )



UN AMIGO DE VERDAD


Una encuesta reciente reveló que aunque en la actualidad la gente socializa más, el número de amigos íntimos ha disminuido.

¿Qué busca usted en un amigo? ¿Cómo puede ser un buen amigo? ¿Qué se necesita para que una amistad dure?

Demuestre que realmente se interesa por los demás

La amistad exige dedicación. En otras palabras, el buen amigo es el que se preocupa de verdad por uno. Pero el sentimiento debe ser mutuo; se requiere esfuerzo y sacrificio de las dos partes. Aun así, vale la pena. Pregúntese: “¿Estoy dispuesto a dar de mí, de mi tiempo y de mis recursos a mis amigos?”. 

Recuerde que para conseguir un buen amigo, primero hay que ser un buen amigo


¿QUÉ BUSCA LA GENTE EN UN AMIGO?

Opiniones:

.-“La amistad es como cultivar un hermoso jardín: exige mucho tiempo y cuidados. Primero, uno tiene que querer ser un buen amigo, ser generoso al mostrar cariño e interés en los demás y estar dispuesto a sacrificarse siempre que nos necesiten”.

.-“La sociedad en la que vivimos te empuja a pensar solo en ti mismo y a no preocuparte por los que te rodean. Por eso, significa mucho el que alguien se interese por ti sin esperar nada a cambio”.

.-Si estamos dispuestos a ayudar a nuestros amigos desinteresadamente, lo natural es que ellos se sientan atraídos a nosotros.

Aprender a comunicarse mejor

Una amistad no puede crecer si no hay comunicación. Hable con su amigo sobre las cosas que les gustan a ambos. Escúchelo, respete sus opiniones y, siempre que sea posible, felicítelo y dele ánimo.

Habrá ocasiones en las que su amigo necesitará consejo o incluso que le llamen la atención, lo cual no es fácil. Sin embargo, un amigo de verdad tiene el valor de señalar las faltas cuando son graves y de aconsejar con cariño.


UN AMIGO

Opiniones:

.-“Un amigo verdadero expresa sus opiniones con franqueza y no se enfada si la otra persona no piensa igual que él”.

.-“Los amigos que más valoro son aquellos que están dispuestos a pasar tiempo conmigo y a escucharme, especialmente cuando tengo problemas”.

.- “Los mejores amigos son los que te dicen la verdad —incluso cuando saben que te va a doler— porque quieren lo mejor para ti”.

Cuando alguien no deja de hablar, da la impresión de que sus opiniones son más importantes que las de los demás. Por eso, cuando su amigo quiera expresarle lo que piensa o le preocupa, préstele atención. Recuerde: escuchar es uno de los mejores regalos que podemos darle a un amigo. ¡Ah! Y no se ofenda si lo que le dice lo hace sentir mal. 

Sea realista

Mientras más nos acercamos a una persona, más visibles son sus defectos. Nuestros amigos no son perfectos, pero nosotros tampoco. No exija perfección de ellos. Más bien, valore sus virtudes y pase por alto sus pequeños errores.


¿Que se busca en un amigo?

Opiniones:

.- “A menudo esperamos que las otras personas den más de lo que nosotros podemos dar. Si reconocemos nuestros errores y que necesitamos que nos perdonen, estaremos más dispuestos a perdonar a los demás”.

.-“Tenemos que entender que nuestros amigos van a cometer errores. Por eso, cuando surjan problemas, hay que hacer todo lo posible por resolverlos y olvidar lo que ha sucedido”.

Hay que recordar que todos tropezamos muchas veces y que hay estar dispuesto a perdonar.

Reconocer esta sencilla verdad nos ayudará a ser comprensivos con nuestros amigos. Así podremos pasar por alto los defectos que nos molestan de ellos y errores que no son tan importantes.

Amplíe su círculo de amistades

Es cierto que hay que tener cuidado al elegir a los amigos y que tengan ciertos valores, pero eso no quiere decir que solo debamos hacer amistad con personas de determinada edad o educación. Si nos interesamos por gente de distintas edades, orígenes y nacionalidades, nuestra vida se enriquecerá.

Ampliar el círculo de amistades da la oportunidad de madurar y de aprender a convivir con personas de diferentes edades, lugares y de círculos sociales diferentes.

Nos hace ser más sociables y más adaptables. 

Recordemos que el saber compartir es la clave de un buen crecimiento personal.

(jv.org.) 




                                           

EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS


“He contado mis años y he descubierto que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que he vivido hasta ahora…

Me siento como aquel niño al que le regalan una bolsa de caramelos: los primeros se los come feliz y rápido, pero, cuando se percata de que ya le quedan pocos, comienza a saborealos profundamente.

Ya no tengo para reuniones interminables, en las que se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que al final no se conseguirá nada.

Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido en ningún otro aspecto.

Ya no tengo tiempo, para perderlo con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde solo desfilan “EGOS”  inflados.

Ahora ya no tolero a los manipuladores, a los oportunistas, ni a los aprovechados.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus talentos y de sus logros.

Detesto, si soy testigo, de los efectos que genera la lucha por un cargo importante.

Las personas no discuten los contenidos apenas los títulos, si acaso…

Mi tiempo es muy escaso como para discutir posesiones materiales o posiciones sociales.


 Quiero la esencia, porque mi alma ahora tiene prisa…

Y con tan pocos caramelos en la bolsa…

Ahora tan solo quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Gente que sepa amar y reírse de lo simple y hasta sus errores.

Gente muy segura de si mismo, que no se vanaglorie de sus lujos y de sus riquezas.

Gente que no se considere elegida antes de tiempo.

Gente que no eluda sus responsabilidades.

Gente muy sincera y que defienda la dignidad humana.

Con gente que desee únicamente caminar al lado de la verdad y de la honradez.

Porque tan solo lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena vivirla.

Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las otras personas…

Gente a quien los duros golpes de la vida, le han enseñado a crecer con suaves caricias en el alma.

Si… tengo prisa… para vivir con la intensidad que nada más que la madurez nos puede dar.

No pretendo mal emplear ni tan solo uno de los caramelos que ahora me quedan en la bolsa.

Estoy tan seguro que estos caramelos serán más exquisitos que los que hasta ahora me he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también tú llegarás… “.

De: Mario Andrade 


MARIO Raúl de Morais ANDRADE, conocido como Mario de Andrade (1893-1945) 

Fue posiblemente el poeta más influyente de su generación; escribió gran número de ensayos sobre literatura, arte, música y folclore brasileño.

Desde 1935 hasta su muerte, Andrade ocupó el cargo de director del departamento de cultura.
Este estamento investigaba el folclore y la música del Brasil, temas que se reflejan en sus novelas.

Como musicólogo estudió y escribió sobre la música y el canto popular brasileño; sus estudios más importantes son "Ensayo sobre la música brasileña" (1928) y "La música y las canciones populares de Brasil" (1936).

Mario de Andrade falleció el 25 de febrero de 1945 a los 52 años de un infarto.

Diez años después junto a la publicación en 1955 de sus Poesías completas comenzó la consagración de Andrade como una de las principales personalidades culturales de Brasil.

En 1960, la Biblioteca Municipal de San Paulo recibió su nombre como homenaje al escritor.



UNA SILLA VACÍA EN NAVIDAD


En las fiestas de Navidad y para la mayoría de las personas es motivo de reencuentros familiares, alegría y mucha diversión; pero para aquellas familias que han sufrido la muerte de un ser querido, se trata de tiempo muy difícil, de nostalgia, sufrimiento e incomprensión. 


La esencia de la Navidad se encuentra en la vida familiar, en el compartir de forma gestual el afecto que nos profesamos, y el gozo de poder estar juntos. Comemos los platos tradicionales, nos hacemos regalos, y organizamos actividades con los pequeños. Pero para aquellos en duelo todos estos momentos reactivan sentimientos de aflicción por la ausencia de la persona fallecida. 
Más que en ningún otro momento del año, la Navidad es una contradicción: el o ella no están, entonces ¿que sentido tiene la celebración de estos días?



Si estás en duelo, es natural que te sientas triste, sobrepasado e incluso enfadado, y como no eres capaz de controlar tus emociones, estas entraran en conflicto con lo que se espera que hagas estas fiestas. Los otros: hijos, hermanos, quizás tu pareja, tus amigos más íntimos, te piden que estés presente, que estés bien, que hagas lo de siempre, que tires adelante; pero tu estás roto por dentro, no tienes fuerza y desearías ya que estos días hubieran pasado. No puedes dejar de pensar en tu persona querida ausente. 




Te molestan las luces de las decoraciones, la música tradicional de las fiestas y el pensar en los regalos y las comidas. Mucho antes de que lleguen estas fechas ya empiezas a temerlas. Te preguntas como podrás resistirlo y como lo harás para que la tristeza no te embargue, arruinando las fiestas a los otros miembros de la familia.



Es posible que te haya pasado por la cabeza la fantasía de suprimir las Navidades. Hay muchas familias que toman esta decisión. Ante el dolor de lo que les espera prefieren cancelar la Navidad, no organizar nada que les recuerde estas fechas y o hacer algo distinto: un viaje por ejemplo, a un sitio lejano, un lugar que no les recuerde nada de lo sucedido, donde nadie les conozca, lejos de la casa, los amigos, los rituales. Esta es una opción natural y humana. 
Es posible que esto te haga la Navidad más ligera, pero recuerda que la pena la llevas allí donde tu vayas y que la próxima Navidad vas a tener que afrontar la misma decisión con la diferencia de que habrá pasado un año, pero el dilema seguirá siendo el mismo: ¿como organizar la primera navidad sin él o ella? 
Huir de la situación no la resuelve; el dolor emocional podemos posponerlo pero nunca evitarlo. Y con el tiempo se crece. 
Muchas familias que han ensayado esta opción manifiestan que el siguiente año es peor. Otras han acabado por no organizar nunca más una fiesta de Navidad: año tras año el dolor se ha ido acumulando y la pared de evitación o defensa ha tenido que fortificarse más y más.


Quizás perteneces a una familia que ha escogido el camino de hacer lo de siempre, en un intento de seguir la vida como si nada hubiera pasado. Para muchos funciona el lema. “hay que hacerse el fuerte y lo mejor para sobrellevar la situación es no hablar de ello”. No se menciona nunca a la persona ausente y se intenta borrar o apartar todo lo que pueda suscitar un recuerdo emotivo.

El dolor se esconde y controla y se instala la máscara de duelo, ese “hago ver que lo llevo bien” que todos os colocáis en un intento de protección.
Es posible que en algún momento estas defensas no funcionen y alguien se emocione y las lágrimas le humedezcan los ojos. Entonces otro miembro de la familia saltará con un: “no te pongas así, por favor, hazlo por nosotros” y entonces el afectado se tragará el nudo de tristeza, o se aislará para vivir en su soledad el sufrimiento. 



Todos los miembros de la familia se compromete, en un acuerdo no explicito, en negar la realidad de lo sucedido. Esta manera de afrontar la Navidad, solo hace que empeoren las cosas: los sentimientos encubiertos acaban saliendo de forma distorsionada. 

Las personas en duelo acaban no mencionando a sus seres queridos para no preocupar a los demás, y el resto tampoco habla para no preocupar a los dolientes. 
Todos sufren en silencio lo que acrecenta más y más los sentimientos de inadecuación y el aislamiento; todo ello acompañado de mucha tensión fruto de los esfuerzos por hacer ver que nada ha pasado, o que no están afectados por lo sucedido. Esta tensión a menudo se traduce en situaciones de agotamiento, irritabilidad, y mucha ansiedad.



Pero hay otra posibilidad que puedes plantear: construir una nueva Navidad. 
Nunca nada volverá a ser como antes pero tu y tu familia podéis empezar a afrontar la vida de una manera distinta. Podéis mantener lo que os ayude en este proceso, eliminar lo que no os ayuda y crear nuevas formas de vivir estas fiestas. ¿Cómo se hace esto? 

Te damos unas sugerencias fruto de nuestro trabajos con familias que como tu, han perdido a un ser querido.

Haz una reunión familiar antes de que lleguen las fechas. Convoca a toda la familia a una reunión abierta para hablar de las fiestas. Es importante que participen los mayores, los niños y adolescentes también, y los amigos significativos si los hay. 
La reunión debe hacerse con tres normas muy sencillas: nadie interrumpe cuando uno habla, hay permiso para expresar sentimientos y todos deben tener su tiempo, niños incluidos. 
Hablad de vuestras emociones, vuestras necesidades e inquietudes, vuestros temores. Hablad de lo que cada uno necesita estos días, las distintas opciones y los deseos: ¿Quieren hacer cosas como siempre? 
¿Qué cosas deseáis?
¿Cuáles afrontáis con temor?




El simple hecho de realizar este encuentro ya supondrá un gran cambio: estás diciendo que os necesitáis mutuamente, que habéis vivido una experiencia muy traumática, pero queréis compartirla en familia y que la comunicación y expresión de vuestros sentimientos en estos días es esencial y os vais a dar permiso.

Repasad lo rituales habituales de vuestra familia: el árbol de Navidad, el pesebre, las
comidas, los regalos, los Reyes, la fiesta de fin de año. 
Dejad que cada uno exprese su sentir respecto a cada uno de ellos. Habrá algún miembro de la familia que manifestará su deseo de no hacer nada; otros, como los niños y adolescentes por ejemplo, expresaran su necesidad de
celebrar a pesar de lo sucedido. 
Escucharos mutuamente y pactad lo que podéis o no hacer y compartir. Haced saber a la familia extensa lo que habéis decidido, explicarles que os habéis reunido y lo que necesitáis de ellos. 
Vuestros amigos y familia más lejanos respetaran vuestras decisiones y agradecerán saber cómo pueden ayudaros.

Buscad una manera simbólica de recordar a la persona fallecida a lo largo de las fiestas. Cread una manera, o un espacio o un tiempo específico para rememorar . Haced que todo el mundo que lo desee participe de este espacio. Sed creativos: los niños os darán muchas ideas.




Marcad los momentos de recordar de forma clara, eso ayudará a que el resto del tiempo pueda vivirse con menos dolor. 
Quizás un tiempo adecuado puede ser antes de empezar la comida, o antes de abrir los regalos, o en algún momento ante el pesebre. Un simple momento de pararse,
recordar que nos hubiera gustado que nuestra persona querida estuviera con nosotros y celebrar y honorar su vida y su muerte. Quizás compartir lo que le hacia tan especial. Y si alguien se desborda, simplemente una mano o un hombro afectuoso y no permitir ni que se aísle, ni que interrumpa la emoción que surge.

Hablad de las cosas que haréis con los niños, tenedlos en cuenta. Incorporar a los pequeños en todos los rituales de recuerdo. No podéis pasar las fiestas haciendo ver que nada ha sucedido, que la persona ausente no ha existido nunca o está de viaje. 


Cuando un niño afronta una situación de crisis en la vida, lo primero que hace es mirar a los ojos del adulto que le acompaña. Si ve miedo, entonces responderá con miedo. Pero si el niño tiene la fortuna de estar rodeado de adultos que sienten su dolor y lo expresan sin temor, entonces reaccionará de la misma manera, y estaremos educando a niños fuertes para la vida. 
Lo que intranquiliza al niño no es nuestro miedo a la muerte, sino nuestro miedo a hablar de ella. 
Un niño no teme a la muerte si los adultos que le rodean no temen sus preguntas ni esconden sus sentimientos.

Entonces, cuando sean mayores preguntarán sobre estas primeras Navidades sin papá o mamá, o el hermanito, o el abuelo, y les podremos explicar las cosas que hicimos con ellos, y de cómo participaron en los rituales: les podremos dar la certeza de que hicieron algo en honor de la persona fallecida. Muchos niños les gusta preparar dibujos simples, y emotivos escritos que después podemos leer al empezar o terminar la comida, colgar en el árbol de navidad, o depositar en un rincón especial del pesebre.




El mayor miedo del hombre es expresar la propia vulnerabilidad. Nos da miedo hablar de todo lo que es incómodo y nos despierta sufrimiento; ¿porque nos produce tanto temor expresar dolor?

Hay factores culturales y también de educación que explican la dificultad en conectar y expresar sentimientos difíciles. Pero las lágrimas de emoción ante una pérdida de un ser querido son la manifestación más natural de amor que lo seres humanos tenemos; una muestra de que hemos amado y de que echamos de menos ese amor, de que nos importa lo que nos ha sucedido y necesitamos expresarlo con nuestro cuerpo…  
¿Por qué paramos esta forma natural espontánea y humana de expresión? 
Nos han enseñado que eso no está bien, que mostrar emociones es ser inadecuado y que el dolor hay que llevarlo en la intimidad como si fuera algo de lo que uno debe
avergonzarse. Pero hoy sabemos que no expresar el dolor, lo que llamamos: "conductas de evitación en el duelo" acarrean consecuencias graves de salud física y mental. 
Están descritos problemas psicosomáticos, insomnio, trastorno de ansiedad y depresión; problemas de salud, mayor incidencia de cáncer y enfermedades coronarias. 



De una manera metafórica, es posible que las lágrimas no expresadas intoxiquen a nuestro cuerpo. Por otro lado no están descritos efectos secundarios negativos asociados a la expresión del dolor; a permitir el llanto, si acaso un aligeramiento, más comprensión sobre lo sucedido, y mejores relaciones con los que nos rodean.

Las lágrimas según el Dr Frey contienen hormonas del estrés y son la forma natural que tiene nuestro cuerpo de relajar la tensión y mejorar la capacidad de procesar acontecimientos traumáticos de una manera más sana y con menos consecuencias para la salud.




Quizás deberíamos empezar a diferenciar que hablar de la muerte no es morirse. Podemos sentir miedo a la muerte, a la pérdida de un ser querido significativo, eso es humano, pero lo que es inhumano es nuestra incapacidad para hablar de ello, nuestro miedo a compartir nuestras preocupaciones sobre la muerte, o sobre los seres queridos que nos han dejado. 
Si somos capaces de trasmitir que no tenemos temor a ese compartir de afectos, que no tememos hablar de nuestro miedo a la muerte con nuestros amigos hijos y conocidos, entonces estamos enseñando que el dolor es soportable si se puede compartir, que se puede vivir el duelo de otra manera muy distinta con más conciencia y confianza. 
Es entonces cuando en el contacto cálido de la gente que nos escucha sin miedo, ni prisa, podremos abrirnos a la posibilidad de encontrar una esperanza o una aceptación en un sentido al misterio de la experiencia tan extraordinaria que es la vida y que es la muerte.

De: Alba Payás Puigarnau (Psicoterapeuta especialista en duelo)


FELIZ NAVIDAD



























UNA SOBRE EL MISMO MAR



Vamos, cantemos, somos siete 
sobre el mismo mar 
siente el latir de un solo pulso 
llegó navidad. 

Fuerteventura, dunas y arena
aulaga y soledad.
Sobre Tindaya trae el viento
arcanos desde el mar
con un conjuro de libertad
amor, futuro y pan.

Por La Gomera silba una estrella
al cedro y al brezal
órganos de basalto cantan
nuestra unidad.
Coge el guarapo y ven a brindar
en esta navidad.

Vamos, cantemos... 

Bajo las lavas de Lanzarote
duerme un corazón
en su latir cantan mi voz
los Novios del Mojón.
Iza el Janubio en mares de sal
sus velas rumbo al sol.

Apunta el Nublo
por Gran Canaria
el paso de mi andar
por los barrancos donde habita
el alma del Faycán.
Cuevas pintadas con mazapán
pregonan navidad.

Vamos, cantemos... 

Canta la Palma por Sirinoque
el son de mi niñez.
Por Taburiente, arrullo y paz
almendras, flor y miel.
Con Los Enanos se hará verdad
la magia que soñé.

Teide y retamas por Tenerife
Aroman mi cantar
Vuela en Ucanca la esperanza 
verde del pinar.
Un Tajaraste, ven a bailar
en esta navidad.

Vamos, cantemos... 

Con las sabinas vive en El Hierro
El ansia de mi sed
Dormido en pozos aún está
El árbol Garoé. 
Busca mi faro y encontrarás
la senda del ayer.

Traza tu rumbo por siete estrellas
y se forjarán
con el poder de una canción
caminos sobre el mar.
Canarias una sola será
en esta navidad.

Vamos, cantemos, somos siete 
sobre el mismo mar 
siente el latir de un solo pulso 
llegó navidad. 

(Letra y música: Benito Cabrera)