AYUDA PARA LOS QUE ESTÁN DE DUELO


DESPUÉS de la muerte de un ser querido es común experimentar una serie de emociones abrumadoras: conmoción, aturdimiento, tristeza e incluso culpa o enojo. No todo el mundo sobrelleva la pena del mismo modo. Puede que no se experimenten todos esos sentimientos ni se exteriorice el dolor de la misma forma que otras personas. Sin embargo, no hay nada de malo en que se exprese la tristeza si uno lo necesita.

“Desahogarse es lo más aconsejable”
Reprimir los sentimientos tras el fallecimiento de un ser querido repercute en la salud que poco a poco va  deteriorándose. Por lo tanto, es necesario desahogarse. Exteriorizarlos aliviará la presión a la que se está sometido.
No obstante, a medida que pasan los días y las semanas, es posible que uno se llegue a sentir decepcionado con uno mismo por no haber cumplido las expectativas del tiempo por no haberlo superado. Si vienen a la mente pensamientos como este, recordemos que no existe una forma “correcta” de vivir el duelo. Algunas personas logran seguir adelante con relativa facilidad, pero otras no. En tales casos, no se puede acelerar el proceso, así que no nos sintamos obligados a cumplir con algún “plazo” en el que supuestamente ya uno debería sentirse mejor.
Pero ¿qué hay si el dolor es como un pozo sin fondo y está consumiéndonos la desesperación? ¿qué pasos prácticos se puede dar para no verse abrumado por el dolor?

*La factura que el dolor pasa puede ser muy elevada, tanto física como emocionalmente. Por lo tanto, es bueno que prestemos atención particular a la salud. Descansar lo suficiente e ingerir alimentos nutritivos.
Es muy probable que no se tenga demasiadas ganas de comer, y mucho menos de cocinar. No obstante, descuidar la alimentación puede dejarnos propensos a infecciones y enfermedades, y eso solo agravará la ansiedad. Tratemos de comer al menos pequeñas cantidades para mantenernos saludables.

*Realizar algún tipo de ejercicio, aunque solo sea caminar. La actividad física puede servir para salir de casa. Además, el ejercicio moderado desencadena la liberación de endorfinas, unas sustancias químicas presentes en el cerebro que aumentan la sensación de bienestar.

*No es bueno aislarse pensando que vamos a convertirnos en una carga para los demás. Al contrario, relacionarse con otros puede ser como un puente que nos ayude a pasar del dolor a la aceptación.

*¿Y qué tal la idea de guardar objetos personales del ser querido como recuerdos? Las opiniones varían. Y no es de extrañar, ya que cada persona vive el duelo de forma diferente. Algunas piensan que conservar las pertenencias del difunto impide la recuperación, mientras que a otras les ayuda.  

*Tratemos de recordar momentos felices que compartimos con los seres queridos que han partido; tal vez mirando fotografías. Es cierto que hacerlo puede resultar doloroso al principio. No obstante, con el tiempo esos recuerdos nos ayudarán a sanar en vez de provocarnos dolor.

*Anotando en un diario esos recuerdos agradables, incluyendo las cosas que nos gustarían haberles dicho mientras estaban vivos. Poner los sentimientos por escrito posiblemente nos sirvan para verlos en su debida perspectiva, además de proporcionar un desahogo saludable a las emociones.

*Vencer el sentimiento de culpa —sea esta real o imaginaria— es una reacción normal de la aflicción. Y tampoco estos sentimientos deben reprimirse necesariamente. Si se habla de la culpa que uno puede sentir, es probable que se encuentre gran alivio. Se puede comprobar que no es así como se piensa y como se siente; que muchas de las veces por la perdida sentimos ese gran dolor de sentirnos culpables.

*Comprender que, por mucho que amemos a una persona, no podemos controlar su vida ni evitar que “el tiempo y el suceso imprevisto” le acaezcan. Por otra parte, seguro que las intenciones nunca  fueron malas.
Quizás se piense esto: “Pero quisiera haber dicho y hecho tantas cosas...”.
Aceptar el hecho de que no se es perfecto. Pensar continuamente en todo lo que hubiera querido hacer no cambiará las cosas y puede retardar la recuperación.

Para mi en particular, la oración, la fe y la esperanza me ayuda aceptar con un profundo sentir por la perdida, que todo no se queda aquí y que se pasa a otro estado espiritual o a otro estado en la inmensidad.

Realizado por: Inés Estela López



No hay comentarios:

Publicar un comentario